sábado, 14 de enero de 2017

La apertura del Museo de la Aduana , 12/12/ 2016, recogida en diversos medios

Gran afluencia  al Museo de la Aduana desde el primer día de apertura al público (13/12/2016)
Patio del Museo de la Aduana
"Y tenía corazón " de Enrique Simonet y Lombardo , obra emblemática de la Colección de Bellas Artes del Museo de la Aduana 
 Las matronas sedentes. Siglo II. Mármol de Mijas. Colección Loringiana. Colección Arqueología
Milagro de Santa Casilda de Nogales Sevilla

El Estado ha invertido 40 millones en rehabilitar el impresionante edificio neoclásico que alberga las colecciones de arqueología y pintura del XIX y el XX
Málaga recupera uno de los más importantes museos españoles, que llevaba veinte años cerrado. Sus colecciones, verdaderamente dignas de Museos como el Prado o el Arqueológico Nacional, han vivido en almacenes desde 1997, desde hace 20 años. Hay que recordar que la ciudadanía malagueña se echó a la calle en varias ocasiones. Hubo grandes manifestaciones para pedir una sede digna, el Palacio de la Aduana, para un museo con un vínculo directo con el corazón de la ciudad. Y se logró convencer a las autoridades. El nuevo Museo de Málaga será inaugurado antes de fin de año.
El Palacio de la Aduana nació al borde del agua a finales del siglo XVIII para controlar la actividad de uno de los más importantes puertos de España. Y hoy, después de años de obras y una brillante rehabilitación que le ha devuelto la cubierta que perdió en un incendio en 1922, está a punto de abrir sus puertas en el mismo lugar, pero dando a otra orilla distinta: la de la historia.
La narración de estas dos colecciones fusionadas -la del antiguo Museo de Bellas Artes y la del Arqueológico- tiene su epicentro en el siglo XIX. Porque en la industriosa ciudad de Málaga proliferó una burguesía influyente y cosmopolita que hizo posible el tesoro cultural que aquí se muestra, igual que nutrió el liberalismo español con algunos de sus más notables nombres: desde el reformismo de Cánovas a la Residencia de Estudiantes, con Jiménez Frau o Moreno Villa.
El Museo de Málaga, a secas, convertirá el Palacio de la Aduana en una nueva plaza en el centro de la ciudad, puesto que el patio permanecerá abierto al público, y es ya, desde las vísperas de su apertura, «el nuevo buque insignia de la cultura en la capital», en palabras de la delegada de Cultura, Monsalud Bautista. De una ciudad llena de museos (Picasso, Pompidou, Carmen Thyssen, Ruso, CAC...) donde ninguno es tan de primera división como este.
El museo dibuja el retrato fidedigno de la ciudad con huellas de población humana desde el paleolítico, que absorbió desde el mar las novedades, los mestizajes, el comercio en mil lenguas y religiones durante siglos. Pero son los citados industriales del siglo XIX los que construyeron en esta hermosa ciudad mucho más que un emporio: atrajeron artistas, coleccionaron arte y promovieron los cambios.
El recorrido es un verdadero viaje y ABC lo emprende con ayuda de la directora del centro, María Morente. Todo comienza en un jardín, el de la mansión de la familia Loring, recreada con unas acuarelas murales de gran tamaño que aportan un contexto a las estatuas romanas que coleccionaban. Cultos y cosmopolitas, llegaron a tener un jardín botánico gracias a las semillas que traían sus barcos de comerciar por todo el mundo. El suyo fue, en el XIX, el primer museo de Málaga.
Matronas romanas y bustos de Cártama conducen al relato arqueológico, que se narra por temas. La vida en las cuevas, el paisaje megalítico, los fenicios, Roma, los visigodos, Al-Ándalus... Cada uno de los temas repite una estructura similar que comienza con una vitrina con la historia del tema, las piezas más antiguas, y continúa con diversos hitos, que lo hacen comprensible. Cada capítulo acaba, además con algo muy especial.
La museografía es impresionante y ha sido diseñada por el mismo equipo que hizo la del Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Ese estilo se nota en la disposición original de las piezas y la interacción con las «recreaciones científicas» de los poblados en acuarelas murales, para las que se ha discutido cada detalle y están en un entorno real.
También en los audiovisuales (brillante el de los motivos de las pinturas rupestres que cobran vida en la oscuridad y el silencio roto por el sonido de las gotas que fabricaron las cuevas).
Uno de los capítulos más impresionantes es el que reúne las huellas de fenicios y después de los romanos, desde detalles del adorno personal, como los abalorios, o los objeto de uso cotidiano como las monedas -los célebres sestercios- hasta grandes obras como el mosaico de más de 6 metros del Nacimiento de Venus, que dan paso al cierre de la colección con el mundo islámico de la Medina nazarí.
Pura historia de una ciudad barrida por invasiones durante milenios. En medio, quedan piezas únicas, anécdotas divertidas y también personajes de novela como Umar Ibn Hafsun, el rebelde que se alió con los cristianos y estuvo a punto de derrocar a los califas Omeyas en Córdoba. Otro sueño quebrado como las ruinas y las viejas cerámicas doradas.
La mejor pintura del XIX
La colección de pintura es excepcional y casi hace llorar pensar que ha estado dos décadas en almacenes. El XIX de los coleccionistas de objetos arqueológicos pasa a ser el de los mecenas que hicieron la desamortización más singular de toda España a mediados del XIX: se demuelen los conventos, los bienes patrimoniales entran en el mercado y se diseña la ciudad moderna. El museo por ello no es como tantos otros que proceden de aquel proceso, lleno de santos, sino el resultado de un pujante coleccionismo y una escuela artística nacida al calor de la industria: Muñoz Degrain, Moreno Carbonero, Ferrandis... y los paisajes de Carlos de Haes, que tendrían gran influencia.
Las salas semejan por dentro galerías pictóricas clásicas, pero por fuera son como cajas blancas de aluminio laminado, elevadas sobre pequeños pilares, un contraste que llena de recovecos el paseo y permite encuentros singulares con obras únicas, como podrían ser «La destrucción de la Invencible», de José Gartner, o los «Gladiadores» de Moreno Carbonero. Y el más turbador de todos los cuadros del museo: «La anatomía del corazón», de Enrique Simonet. Enviado desde la Academia de España en Roma como ejercicio de estudio anatómico, mostró la pericia y el atrevimiento de un genio.
A aquellos nombres que pusieron con sus obras las bases de este museo alrededor de la Academia de San Telmo, se añaden los de sus grandes y conocido amigos que sumaron cuadros a la colección: el «Bebedor vasco» de Sorolla, los Benlliure, la «Esclava en venta» de Jiménez Aranda, la «Tumba del poeta» de Pedro Sáenz... y la pareja de ancianos de Picasso, de 1895. Del genio malagueño hay más obras en el inmenso el recorrido, pero asombra sobre todas la pequeña acuarela con un viejo envuelto en una manta, que regaló, con solo 14 años, a su maestro Muñoz Degrain, y que no es otra cosa que un retrato de su padre. Todo un alarde técnico, una obra maestra adolescente.
Pero el museo no acaba con el XIX. El siglo XX está marcado en estas salas por la colección de Moreno Villa: pinturas, libros de poemas y certeras atribuciones que realizó de Pedro de Mena, como el gran historiador que era. Hay más, figura el mejor Ponce de León, y se encuentran representadas casi todas las vanguardias. Capítulo aparte merece el legado de la revista «Litoral», tan excelente como malagueña y universal, que ayudó como pocas en el parto de la Generación del 27. El siglo picassiano luce en la biblioteca de su secretario, Jaime Sabartes, que fue donada al museo. Pero el arte sigue hasta nuestros días, con creaciones contemporáneas sobre todo de artistas malagueños.
Un detalle a tener en cuenta es que el Palacio de la Aduana es una parte integrada, o mejor dicho, tal y como lo expresa la directora María Morente, el Palacio de musealiza. Desde la figura togada romana que recibe en el patio a los visitantes, que fue hallada durante la construcción de la Aduana en el XVIII, hasta las murallas fenicias que pueden contemplarse bajo el suelo de la cafetería, la historia empapa los cimientos y los muros de este nuevo centro.
No hay que olvidar que la recuperación del edificio ha logrado un encuentro casi perfecto entre la línea neoclásica y las intervenciones actuales, tanto en madera (especialmente bella es la escalera del último piso) como en metal, como en las tejas de aluminio de la cubierta, cuyo releve reproduce un viejo grabado.
Es un verdadero milagro un museo como este, con tanto sentido, y además después de la crisis. Con él Málaga ha recuperado su institución cultural más querida. No se lo pierdan.
JESÚS GARCÍA CALERO Diario ABC



Todo en el Museo de Málaga parece monumental. El propio palacio de la Aduana, el edificio más imponente de la capital. La cronología de sus colecciones, desde la Prehistoria hasta los años 80 del siglo pasado. Los propios fondos de Arqueología y Bellas Artes, con más de 17.000 piezas en su catálogo general. De ellas, están expuestas unas 2.700. La cifra sigue siendo más que considerable. Así que ahí van unas recomendaciones básicas para no perderse lo esencial.

PLANTA BAJA: 'La Dama de la Aduana'. Anónima. Siglo II. Escultura en mármol.
Será la primera en recibir a los visitantes. Esta gran escultura de mármol fue descubierta a finales del siglo XVIII durante los trabajos de construcción del palacio de la Aduana. Al excavar las fosas para colocar los cimientos se descubrieron numerosas inscripciones y estatuas romanas. Entre esos hallazgos estaba esta representación femenina que viste la túnica y el manto de tradición griega clásica.

Almacén visitable. Restos arqueológicos, enseres y mobiliario
El Museo de la Aduana exhibe en sus salas el 15,8% de sus fondos. Parte de las obras que no forman parte de la colección permanente pueden verse en esta zona de la planta baja. Maquetas para la construcción de la Catedral de Málaga, el hipogeo fenicio hallado en la calle Mármoles, una vajilla decorada por Manuel Barbadillo y algunas de las piezas arqueológicas atesoradas por el Marqués de Salamanca figuran entre las curiosidades de este apartado.
PRIMERA PLANTA (BELLAS ARTES): 'Dolorosa'. Pedro de Mena. Hacia 1676-1680. Madera policromada.
Una de las obras más destacadas del escultor del Barroco. Las Dolorosas constituyen uno de los asuntos cruciales de su producción, donde domina la temática religiosa. “Esta Virgen Dolorosa, representada de medio cuerpo, aparece con semblante de dolor, utilizando para lograrlo policromías bruñidas muy claras que intensifican la sensación de sufrimiento, conmoviendo al fiel que la contempla e incitándole a la piedad y la oración”, detallan desde el museo.
Los de Igueriben mueren...'. de Muñoz Degrain
De más de tres metros de alto por dos de ancho, el lienzo de Muñoz Degrain representa un episodio de la Guerra de Marruecos sucedido en 1921: tras cinco días de asedio de los rifeños en el monte Igueriben donde resistían las tropas españolas, se ordenó al comandante Benítez la retirada del destacamento que dirigía a lo que, según las crónicas, el militar respondió: "Los de Igueriben mueren pero no se rinden". Ese es justo el momento elegido por Muñoz Degrain para titular su obra. El comandante Benítez yace en diagonal cubierto por la bandera española..

'¡... Y tenía corazón!' / 'Anatomía del corazón'. Enrique Simonet y Lombardo. 1890. Óleo sobre lienzo.
El gran icono del Museo de Málaga. El cuadro representa el momento en el que un forense extrae el corazón durante la autopsia a una joven fallecida. La maestría en el empleo del claroscuro, el rigor anatómico y el uso de las perspectiva destacan en esta obra. A modo de detalle, el bodegón que forman las botellas de formol de distintos colores rompe la “monotonía cromática” del lienzo. “Pero si hay algo por lo que destaca esta obra es por los contrastes lumínicos de luces y sombras. Se trata en suma de uno de los cuadros más interesantes de este artista, y uno de los más valorados en las colecciones del Museo de Málaga”, destacan desde la institución.

'El milagro de Santa Casilda'. José Nogales. 1892. Óleo sobre lienzo.
Comprado en un anticuario de Oviedo y restaurado en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, representa la obra cumbre de José Nogales. La obra muestra el momento en el que los panes que Santa Casilda llevaba a los presos se convierten en flores, evitando así las represalias de su padre, el rey musulmán de Toledo Al-Mamún. Nogales presentó la obra en la Exposición Internacional de Bellas Artes de Madrid y recibió el Premio de Primera Clase al mérito en la sección de Pintura. Nunca otra obra suya obtuvo una distinción similar.

'Cabeza de mosquetero'. Pablo Ruiz Picasso. 1968. Óleo sobre tabla.
También Picasso está representado en el Museo de la Aduana. Esta pintura sobre tabla se expuso entre el 27 de abril y el 19 de octubre de 2012 en el Museo Picasso Málaga. La obra forma parte de las reinterpretaciones que Picasso realizó de obras y autores del Barroco y enlaza con sus versiones de 'Las Meninas' de Velázquez. La forma trapezoidal de la lámina de contrachapado sobre la que pinta Picasso hace pensar que el artista pudo, como en otras ocasiones, reciclar elementos de su mobiliario para realizar la obra.
Kanexa. Cabeza de mosquetero. Matronas sedentes
Las características composiciones modulares de Manuel Barbadillo destacan en la sala del museo dedicada a los autores de la llamada 'Generación del 50'. Adquirida en 2005 (dos años después de la muerte del artista en Málaga), 'Kanexa' ilustra el afán investigador de Barbadillo, que partiendo de la abstracción geométrica fue uno de los primeros artistas en indagar las posibilidades creativas de las aplicaciones informáticas.

SEGUNDA PLANTA:
 Las matronas sedentes. Siglo II. Mármol de Mijas. Colección Loringiana.
Quizá el conjunto arqueológico más impresionante del museo. Recibe al visitante en el acceso a la segunda planta desde las escaleras interiores del palacio de la Aduana y ofrece un singular conjunto de esculturas monumentales elaboradas con mármol de Mijas en el siglo II d. C. Dos de las esculturas representan a las diosas Ceres y Juno.

Necrópolis de Chorreras. Enterramiento y ajuar funerario. Siglo VIII a. C.
La zona de Vélez-Málaga, Torrox, Algarrobo y Mezquitilla ofrece uno de los enclaves de mayor concentración de yacimientos fenicios del Mediterráneo occidental. Esta necrópolis ofrece la singularidad de conservar elementos del ajuar funerario como un recipiente de piedra, con una urna de alabastro en su interior donde estaban depositados los restos humanos. La urna estaba cerrada con una piedra, sellada con plomo fundido.
Tumba del Guerrero. Siglo VI a. C.
Estamos ante el primer enterramiento de la Península Ibérica donde se ha encontrado un individuo con el ajuar y la indumentaria de un guerrero griego. Entre esos elementos destaca un caso decorado, un fragmento de un escudo, un anillo de oro con el motivo de Sekmet (diosa de la guerra) y una lanza. Además de estos objetos, junto a la tumba aparecieron un quemador de perfume y un plato ceremonial elaborado en plata.

'El nacimiento de Venus'. Mosaico romano. Siglo II.
En el número 94 de la calle González Marín de Cártama apareció, allá por 1956, este impresionante mosaico romano que ocupa 38 metros cuadrados. La pieza se desenterró en 46 fragmentos que han sido restaurados y unidos para su exposición en el palacio de la Aduana. En el centro destaca una representación de Afrodita, “con larga cabellera y sobre una gran concha, llega empujada por el soplo de los dioses y arrastrada por los delfines a la playa de una de las islas que tradicionalmente se le dedican”.

Ataifor de la Nao. Siglo XIV. Loza dorada y pintada.
Una rareza dentro de la cerámica andalusí, este afaifor (plato hondo) presenta una escena figurativa con un barco, algo muy poco frecuente en el arte hispano-musulmán, sobre todo, por la estética naturalista que brinda esta cerámica. La pieza toma la tradición de la loza dorada típica de Oriente y aprovecha la circunferencia del plato para la composición del dibujo. La obra procede de la Alcazaba de Málaga y está situada en el tramo final de la sección de Arqueología del museo.
ANTONIO JAVIER LÓPEZ Diario Sur



Más de 300 invitados acuden a la inauguración oficial de una institución que ha mantenido sus fondos almacenados durante dos décadas
Por primera vez en un siglo de historia, los amplios fondos provinciales pueden verse expuestos en la misma sede
Lourdes recogía firmas en la puerta de la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras mientras Juan iba liando a familiares y amigos para que acudieran a las manifestaciones. Los dos fueron a la primera, aquel 12 de diciembre de 1997. Por entonces ya eran novios, estudiantes y activistas de aquel movimiento ciudadano unido bajo el grito ‘La Aduana para Málaga’. Han pasado justo 19 años desde aquella primera concentración, Lourdes y Juan fueron a las otras tres movilizaciones, se casaron, tuvieron dos hijos, labraron una familia y dos carreras profesionales... Y ayer, casi dos décadas después de aquella foto que aún buscan a las puertas de la Aduana, con las pancartas al aire y el entusiasmo intacto, los dos miraban desde sus respectivas obligaciones diarias, por el rabillo del ojo y de la pantalla, cómo se inauguraba el Museo de Málaga, cómo aquel sueño se convertía en realidad.
Datos y curiosidades sobre el museo
43,2 millones de euros han invertido las Administraciones central y autonómica en la puesta en marcha del Museo de Málaga. El Estado ha destinado 40 millones a la adecuación del palacio, mientras que la Junta de Andalucía ha aportado 3,2 millones de euros, sobre todo, para la conservación y rehabilitación de obras de arte.
Las colecciones, unidas por primera vez: Los orígenes del Museo de Málaga se remontan más de cien años, sin embargo, es ahora cuando por primera vez se exponen en la misma sede las colecciones provinciales de Arqueología y Bellas Artes.
17.500 piezas están incluidas en el catálogo del museo. De ellas, se exponen unas 2.200 en las salas de la colección permanente (2.000 referencias arqueológicas y 200 obras de Bellas Artes), a las que hay que sumar las otras 200 creaciones que pueden contemplarse en el almacén visitable instalado en la planta baja del palacio. 
La planta baja, una nueva plaza abierta. Cualquiera podrá visitar a partir de hoy la planta baja del palacio de la Aduana. El proyecto de recuperación del edificio contempla su apertura como una plaza más de la ciudad. Allí, el visitante podrá acceder a la tienda (ya en servicio), a la cafetería (aún pendiente de ponerse en funcionamiento) y recorrer el atrio y el patio central sin necesidad de pasar a las salas expositivas.
1,5 euros pagarán de entrada los visitantes al museo que no sean ciudadanos de la Unión Europea. Los que sí tengan esa condición podrán acceder al museo de manera gratuita.
La cubierta, escenario de un trágico incendio. La cubierta del palacio de la Aduana fue pasto de las llamas en 1922. En el incendio murieron 28 personas. Ahora, la reforma del palacio tiene como principal rasgo externo la recuperación de ese último piso, techado con 7.000 tejas de aluminio que reproducen una vista de la ciudad con el palacio de la Aduana.
Lourdes y Juan son los protagonistas de su pequeña historia personal. Pero como ellos hay cientos, miles. Dos generaciones de malagueños que ayer sintieron que se cerraba un círculo, una herida, con la apertura del museo provincial en el edificio civil más importante de la ciudad. Porque historias como la de Lourdes y Juan sirven para dar cuenta de la raigambre de un museo que durante dos décadas ha tenido almacenadas sus extraordinarias colecciones de Arqueología y Bellas Artes. Unos fondos que superan las 17.000 piezas que van desde los neandertales hasta la nueva figuración de los años 80; desde el esplendor de la Malaka fenicia y hasta la Generación del 50; desde las piletas de ‘garum’ romano a sólo unos metros de la Aduana hasta la irreverencia lúdica y festiva que fue el colectivo Agustín Parejo School.

Porque ayer Málaga se reencontraba con su extraordinario legado artístico y patrimonial. La ciudad que acunó al artista más importante de los últimos cuatro siglos y que dejó pasar hasta 15 años después de su muerte para poner en pie su Casa Natal; que luego empleó otros 15 años en darle vuelo internacional a ese vínculo con el Museo Picasso Málaga (2003); la ciudad que abrió la puerta de la contemporaneidad ya metido el siglo XXI (CAC Málaga, 2003); que sedujo a una de las principales coleccionistas en pintura del XIX (Museo Carmen Thyssen, 2011) mientras su pintura del XIX permanecía metida en cajas; la ciudad que instaló las primeras filiales del Centro Georges Pompidou y del Museo Estatal de Arte Ruso de San Petersburgo (2015)... Esa ciudad que encuentra motivos para presumir de presente y de futuro en su oferta museística –que congrega a más de dos millones de visitantes al año– ya puede desde hoy asomarse también con orgullo a su pasado.
Quizá por eso, por la extraordinaria carga histórica y sentimental, simbólica e identitaria, que trae consigo el Museo de Málaga instalado en el palacio de la Aduana, sorprendió ayer la frialdad del acto institucional de su inauguración. Ni un sólo elemento externo avisó en los días previos, a pie de calle, de la apertura del museo por el que miles de malagueños tomaron las aceras hasta en cuatro ocasiones. Ni banderolas, ni carpas ni expositores como los que a cada poco trufan la calle Larios y la plaza de la Marina, por citar sus escenarios predilectos. Ni la socorrida alfombra roja ni pasacalles ni nada en Alcazabilla, ajena a lo que se celebraba sólo unos metros más abajo.
El museo que se ganó en la calle quedó ayer al margen de la calle. Apenas unos pocos curiosos se arremolinaban a las puertas de la Aduana, preguntando qué pasaba allí. Y allí, en el patio interior del palacio, la emoción la pusieron algunos de los 300 invitados al acto; en particular, los que participaron de aquella comisión ciudadana que catalizó la reivindicación cívica que trajo el museo que hoy abre sus puertas al público. Hubo un conato de reproducir el grito de guerra cultural de aquella lucha: ‘Veo, veo, veo... La Aduana de museo’. Pero, no cuajó. No era el día.
Era el día para que los primeros invitados, organizados en grupos de varias decenas, conocieran el contenido del museo. Las 2.700 obras repartidas desde el almacén visitable del piso inferior hasta la sección de Arqueología de la segunda planta del palacio de Cortina del Muelle. Un inmueble que fue delegación del Gobierno en Málaga, oscura cárcel franquista, calabozo de Frank Sinatra una noche de septiembre de 1964 y comisaría de Policía hasta hace apenas una década.
Ahora, la Aduana luce como sede del Museo de Málaga, que por primera vez en sus cien años de historia reúne en una misma sede sus colecciones de Arqueología y Bellas Artes. El palacio ha vivido durante los últimos siete años una profunda transformación en la que el Estado ha invertido 40 millones de euros. A esa partida se añaden los 3,2 millones de euros que la Junta de Andalucía –encargada de gestionar el museo de titularidad estatal– ha destinado en el último lustro a la recuperación y conservación de obras de arte, sobre todo.
Los representantes de ambas administraciones, la estatal y la regional, fueron los únicos en tomar la palabra en el acto de ayer. Sólo la directora del museo, María Morente, actuó antes de anfitriona para dar la bienvenida y a continuación ofrecer la palabra al ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo. El ministro glosó la oferta museística de la ciudad, citando espacios como el Museo Picasso Málaga, la Casa Natal, el CAC, La Térmica o el Centro Pompidou Málaga, a cuya inauguración el 28 de marzo de 2015 sí acudió el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ausente ayer en el estreno institucional del Museo de Málaga.
«Hoy es un día importante para Málaga y toda Andalucía; esta inauguración es un acontecimiento muy esperado. Es una de las pinacotecas más importantes de España y Europa», sostuvo por su parte la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en el acto que también contó con la presencia de dos altos cargos del ministerio recién nombrados: el nuevo Secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo, y el nuevo director general de Bellas Artes, Luis Lafuente.
La nota musical
Tras los discursos, un cuarteto de cuerda de la Joven Orquesta Provincial de Málaga interpretó el ‘Andante’ de Eduardo Ocón, hermano, tal y como recordó la directora del Museo de Málaga, de Emilio Ocón, autor de ‘La última ola’ (1893), una de las piezas más relevantes en la primera planta del museo.
Allí, en la sección de Bellas Artes, los visitantes iban desfilando por grupos desde las piezas de arte sacro que abren el paseo hasta las salas dedicadas a Bernardo Ferrándiz, Antonio Muñoz Degrain, José Nogales y Enrique Simonet para desembocar luego en las escenas vanguardistas de José Moreno Villa, la Generación del 50 (Enrique Brinkmann, Eugenio Chicano, Francisco Peinado, Juan Béjar y el recordado Gabriel Alberca, entre otros) y concluir en aquella festiva figuración de los años 80 de la mano de Gabriel Padilla, Carlos Durán y Diego Santos.
La inauguración cierra dos décadas de reivindicaciones bajo el lema ‘La Aduana para Málaga’La Aduana muestra 2.700 piezas que van desde la Prehistoria hasta la década de 1980
Al pie de las monumentales escaleras interiores esperaban las matronas sedentes, esculpidas con mármol de Mijas en el siglo II. El conjunto daba paso a la sección de Arqueología. Ahí los restos de neandertales hallados en la Cueva de Zafarraya, el impresionante mural romano de 38 metros cuadrados descubierto hace 60 años bajo una casa de Cártama, la tumba del guerrero griego emergida entre las calles Refino y Jinetes, las vasijas y medallones de la Trayamar fenicia...
El Museo de Málaga corona una oferta expositiva que congrega a más de dos millones de visitantes al año
Todo ese legado histórico y artístico ya espera en la Aduana. El palacio ganado en las aceras por gente como Lourdes y Juan, por cientos, por miles de malagueños; el lugar que hoy, dos décadas después, abre sus puertas al público, ese que lo pidió –y lo logró– a pie de calle.
ANTONIO JAVIER LÓPEZ Diario Sur 13 diciembre 2016


Fueron los primeros en llegar. Y no es extraño porque han estado 19 años esperando esta jornada. Entonces, tal día como ayer, 12 de diciembre, la Comisión Ciudadana La Aduana para Málaga se echaba a la calle junto a miles de malagueños para pedir –gritar– el uso cultural del palacio de la Cortina del Muelle como sede del Museo de Málaga, el museo sin tierra. Ayer, fueron más de 300 personas las que celebraron que aquella marcha en la que muchos de los presentes habían participado años atrás tenía un final feliz con la apertura del renovado centro expositivo en la Aduana. Y mucho antes de que empezara el acto ya se dejaron ver por el patio del palacio algunos activos militantes de la plataforma ciudadana como el expresidente del Ateneo, Antonio Morales; la portavoz del colectivo, Mariluz Reguero, o el periodista Luciano González Ossorio, que no dejaba de repetir: «Es un día gozoso». Lo decía y se reflejaba en las caras de los presentes, que posaron para las fotos de rigor y para dejar constancia del éxito para la ciudad de una movilización que surgió y salió adelante por el impulso de la sociedad civil.
Esas fotos de felicidad resumían el sentimiento del resto de miembros de la comisión, que también estuvo representada por el actual y el anterior presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País, José María Ruiz Povedano y Vicente Granados; el presidente de la Asociación de Amigos del Museo de Málaga, Rafael Martínez, o el pintor Francisco Jurado y el sindicalista Manuel Morales, que protagonizaron una de la anécdotas de la jornada al lanzar el grito «veo, veo, veo, la Aduana de museo» al final del acto protocolario de inauguración, en el que intervinieron la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, al que presentaron como «Méndez de Lugo». Aunque el aludido comentó a Díaz –la tenía al lado– con una sonrisa el error, en ningún momento corrigió en público el pequeño desliz de su apellido. Al fin y al cabo, todo quedaba en Galicia.
Enrique Simonet, autor del gran icono de la Museo de Málaga, ‘Y tenía corazón...’, estuvo muy presente con una delegación familiar, sus cuatro nietos Marina, Aurora, Carmen e Ignacio Simonet, que tuvieron además un especial recuerdo para el fallecido director de la pinacoteca, Rafael Puertas, que siempre quiso aumentar la presencia del artista de origen valenciano en la colección del museo de la ciudad que lo adoptó.
Las nietas de Enrique Simonet se acordaron del anterior director del museo, Rafael Puertas
El mundo de la cultura no quiso faltar a la inauguración oficial del último gran museo de Málaga, como es el caso de los artistas Andrés Mérida, Evaristo Guerra, Diego Santos, Paco Aguilar y Carlos Miranda; el galerista Javier Marín; la escultora Elena Laverón; los escritores Antonio Soler, Aurora Luque, Pablo Aranda, Alfredo Taján, Eva Díaz Pérez, José Infante, José Antonio Mesa Toré y Juan José Téllez, director del Centro Andaluz de las Letras; el productor y compositor de cine Antonio Meliveo; la arqueóloga y directora de La Alcazaba, Fanny de Carranza; la historiadora Teresa Sauret; el catedrático Pedro Rodríguez Oliva; la directora del Archivo Provincial, Esther Cruces, y el pintor Eugenio Chicano, autor del popular logotipo que sirvió para reivindicar La Aduana para Málaga.
La Academia de San Telmo, que también fue desalojada en su día del Palacio de Buenavista y tendrá a partir de ahora su sede en la Aduana, entró en su ‘casa’ con una nutrida comitiva en la que no faltaron la poeta María Victoria Atencia, el pintor José Manuel Cabra de Luna, la archivera e investigadora María Pepa Lara, los arquitectos Salvador Moreno Peralta, Javier Boned y Ángel Asenjo; el director del Museo Revello de Toro, Elías de Mateo; la experta en arte Rosario Camacho y el músico Manuel del Campo.
El ámbito de la arquitectura estuvo muy representado con el equipo que ha firmado la luminosa restauración del palacio de la Aduana, Fernando Pardo, Bernardo García Tapia y Ángel Pérez Mora, además de Juan Pablo Rodríguez Frade, autor del proyecto museográfico que se ha llevado a cabo en las salas expositivas; Isabel Cámara y Rafael Martín Delgado. Además, el presidente de Sacyr, Manuel Manrique, asistió también a la puesta de largo del edificio cuya rehabilitación realizó su empresa.
El coleccionista Bernard Picasso, nieto del artista y presidente del Consejo Ejecutivo del Museo Picasso Málaga, también acudió con el director de la pinacoteca, José Lebrero. No fueron los únicos gestores culturales allí presentes, ya que también acudieron el resto de responsables de centros expositivos malagueños, como Fernando Francés (CAC), Lourdes Moreno y Javier Ferrer (Thyssen), y José María Luna (Pompidou y Ruso), que estuvo departiendo con el director del Festival de Málaga y gerente del Teatro Cervantes, Juan Antonio Vigar.
Los miembros de la Comisión Ciudadana no podían ocultar que era una jornada «gozosa»
Entre las representaciones institucionales estuvieron el rector de la Universidad de Málaga, José Ángel Narváez; el Obispo de Málaga, Jesús Catalá; el decano del Cuerpo Consular en la provincia, Pedro Megías; el director del PTA, Felipe Romera; el director del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, Bartolomé Ruiz, y los presidentes de la Cámara de Comercio, Jerónimo Pérez Casero; del Consejo Audiovisual de Andalucía, Emelina Fernández; de la Fundación Manuel Alcántara, Antonio Pedraza; del Ateneo, Diego Rodríguez Vargas; del Puerto, Paulino Plata, y de la Fundación Ciudadana del Carnaval, Rafael Acejo.
De la judicatura también dieron la bienvenida al nuevo museo el presidente de la Audiencia, Antonio Alcalá; el fiscal jefe, Juan Carlos López Caballero; la fiscal delegada de Violencia contra la Mujer, Flor de Torres, y el decano del Colegio de abogados, Francisco Javier Lara.
Entre la representación oficial, los consejeros Rosa Aguilar (Cultura), Adelaida de la Calle (Cultura), Francisco Javier Fernández (Turismo) y José Sánchez Maldonado (Economía) acompañaron a la presidenta Susana Díaz en la inauguración, a la que también asistieron el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; el presidente de la Diputación, Elías Bendodo; el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz; el subdelegado en Málaga, Miguel Briones, y el delegado del ejecutivo andaluz, José Luis Ruiz Espejo. Todos ellos participaron en la visita a las colecciones permanentes de la Aduana, en la que la directora del Museo de Málaga, María Morente, hizo de guía.
Entre los políticos presentes no falto la diputada y exalcaldesa Celia Villalobos –bajo su mandato arrancó la movilización ciudadana por la Aduana–, los diputados nacionales Carolina España (PP) y Miguel Ángel Heredia y José Andrés Torres Mora (PSOE) y los líderes andaluces de Ciudadanos y del Partido Popular, Juan Marín y Juan Manuel Moreno Bonilla, respectivamente.
Al acto no le faltó banda sonora con un cuarteto de cuerda de la Joven Orquesta Provincial de Málaga. Gustavo Abela y Claudia Jiménez (violín), Roberto G. Luque Schoham (viola) y Olga Gallego (violonchelo) trajeron las notas de otro malagueño, Eduardo Ocón, con su suave ‘Andante’. Excelente elección para un museo que ayer hizo precisamente eso. Empezar a andar después de 19 años.
Francisco Griñan .Diario Sur


Lo dijo una vez la ilustradora israelí Maira Kalman: «Una visita a un museo es una búsqueda de la belleza, la verdad y el significado de nuestras vidas». Pues hasta hace poco, Málaga tenía buena parte de su belleza, verdad y significado embalados, secuestrados por la miopía y la cortedad de miras de una clase política que persigue casi siempre objetivos menos esenciales. Han sido décadas en las que la ciudad ha andado como un pollo sin cabeza, desnortada y sin saber siquiera quién es. Por eso, la apertura del Museo de Málaga no es simplemente un suma y sigue cultural, que sí; no es otro atractivo cara al touroperador, que también; es también y, sobre todo, el ejercicio de una ciudad reivindicándose orgullosa. Ni más ni menos. Y eso en una urbe como Málaga, tan dada al complejo de inferioridad y a utilizar la palabra paleto en una de cada dos frases, es una hazaña. Por eso lo de ayer fue colosal.
Porque no es habitual que una parte sustanciosísima de la sociedad malagueña coincida en espacio y tiempo, pero ayer fue posible. A la espera de que llegara la comitiva política encabezada por la presidenta de la Junta, Susana Díaz, y el ministro de Cultura, Educación y Deportes, Íñigo Méndez de Vigo, el patio del emblemático edificio fue un quién es quién, la versión malagueña de la portada del Sgt Pepper´s Lonely Hearts Club Band –The Beatles–: entre muchos otros, asistieron a la puesta de largo los escritores Antonio Soler, Aurora Luque, Alfredo Taján, María Victoria Atencia, José Infante, Guillermo Busutil y Pablo Aranda; el músico y productor Antonio Meliveo, los artistas Eugenio Chicano, Evaristo Guerra, Elena Laverón, Andrés Mérida, Carlos Miranda y Diego Santos; los directores de museos José Lebrero (Museo Picasso Málaga), José María Luna (Fundación Picasso, Centre Pompidou y Museo Ruso), Fernando Francés (CAC Málaga), Lourdes Moreno y Javier Ferrer (Museo Carmen Thyssen), Elías de Mateo (MUPAM y Museo Revello de Toro); los académicos de San Telmo Pedro Rodríguez Oliva y Manuel del Campo (presidente), la vicerrectora de Cultura de la UMA Tecla Lumbreras, el periodista y presidente de la Fundación del Carnaval Rafael Acejo, el director del centro de la Generación del 27 José Antonio Mesa Toré; el director del Centro Andaluz de las Letras, Juan José Téllez, el presidente del Ateneo, Diego Rodríguez; la pianista Paula Coronas, el director del Teatro Cánovas, Antonio Navajas; el exfiscal de Menores y presidente de la Cruz Roja en Málaga Antonio Morales, el profesor y senador Antonio Garrido, el presidente de la Autoridad Portuaria, Paulino Plata... La lista evidenciaba que era un día especial.
«Nunca soñé que fuera posible algo así. Y eso que yo he montado exposiciones con estos fondos», nos contó Rodríguez Oliva. El exvicerrector de la UMA y catedrático de Arqueología sacaba pecho: «Hace unos días visitamos el museo con Mario Torelli, que tiene el, digamos, Nobel de la Arqueología. Y se quedó impresionado con los fondos del Arqueológico. Nos dijo que están a la altura de los mejores museos del mundo». Unos pasos más allá, gestores culturales de otras generaciones, como Lourdes Moreno tampoco ocultaban su orgullo y emoción, desde su personalísima perspectiva propia: «Ésta es una colección con la que aprendimos hace años muchos estudiantes de arte de entonces», declaraba la responsable artística del Carmen Thyssen.
En el recuerdo de todos ellos, tantos y tantos hombres y mujeres de la cultura que habían luchado muchos años por la liberación de los fondos del Museo de Málaga y la recuperación de la Aduana. Autores recientemente desaparecidos como Dámaso Ruano, Jorge Lindell, Francisco Hernández, José Díaz Oliva y Pepa Caballero, los nombres de la Generación de los 50 –tan bien representada con sala propia en la Sección de Bellas Artes de la pinacoteca– y Rafael Puertas Tricas, director del entonces Museo Arqueológico y de Bellas Artes de Málaga durante dos décadas, responsable de que la efervescencia de las primeras manifestaciones no languideciera en medio de la desidia y el erudito que logró convencer a muchos de la idoneidad de unir las dos secciones del museo en un edificio. Todos pensamos lo mismo: «Qué lástima que no estuvierais ahora aquí». Pero sí, de alguna y rotunda manera, estuvieron, están y estarán, en las paredes de la pinacoteca, eternos.
La Aduana, esta isla del tesoro que tenemos aquí, al lado -sus joyas son nuestras, nos pertenecen- ya está lista para que la visitemos a partir de hoy -los detalles de la jornada popular, aquí-. A partir de hoy, mañana, pasado y el otro, los ciudadanos son los responsables de la vida y del futuro del que es un nuevo museo pero, muy especialmente, su museo. Porque éste es un centro expositivo en que la ciudad se enseña a sí misma a los demás pero quizás más a los suyos, a sus propios habitantes. Por eso se llama Museo de Málaga. Ahora esperemos que los ciudadanos conviertan este espacio en el Museo de los Malagueños.
Víctor A. Gómez 14.12.2016 La Opinión de Málaga


No hacía falta que nadie recordara a los congregados que el de ayer era un día grande. Todos, cada uno en su medida, sentían de forma casi propia un logro histórico conseguido por una movilización ciudadana sin precedentes. Justo 19 años después de la primera de las manifestaciones convocada por la comisión ciudadana La Aduana para Málaga, aquel el 12 de diciembre de 1997, se abrieron definitivamente las puertas del Museo de Málaga, el gran espacio cultural que alberga los fondos del Bellas Artes y el Arqueológico. Aquellos activistas que prendieron la llama, los pintores, escritores, gestores culturales, periodistas, empresarios que avivaron el fuego, los que supieron mantenerlo año tras año para que la pinacoteca no muriese en el olvido pudieron abrazar, al fin, su sueño. Las obras ya colgadas en las paredes del palacio recibieron a los primeros visitantes. Y quedó para el pasado el tiempo en el que fue espacio de represión y castigo. Con el ministro de Cultural y la presidenta de la Junta de Andalucía al frente se realizó la visita institucional. Pero hoy es cuando cobra su verdadero sentido y se abre, de forma gratuita, a todos sus dueños.
"Tras más de una década de esfuerzos, el trabajo de numerosos especialistas y de una inversión de más de 40 millones de euros por parte del Estado ponemos este museo, este Palacio de la Aduana, a disposición de la ciudad, el museo estatal de mayor tamaño ubicado en Andalucía que pasará a ser gestionado por la Junta", afirmó el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. Y destacó que la actuación del Gobierno central ha consistido en la rehabilitación y renovación integral del edificio, que consta de unos 15.000 metros cuadrados, "para devolverlo al lugar principal que debe ocupar en el patrimonio histórico artístico de la ciudad".
Méndez de Vigo también destacó que "hemos realizado una nueva instalación de la colección permanente con un discurso museográfico actualizado para comunicar de la manera más clara posible la importancia y singularidad de los 17.500 bienes culturales que aquí se custodian, unos bienes que constituyen el depósito de una herencia diversa y nuestra memoria común". Empezando por los vestigios arqueológicos que se exhiben en un cuidado discurso en la segunda planta, siguiendo por el barroco, los grandes nombres de la Escuela Malagueña del siglo XIX, las vanguardias históricas, la generación de los 50 y los 80 en la primera y terminando por el almacén visitable de la planta baja componen un extenso recorrido que muestra lo que ha sido la creación en la provincia.
Este "ambicioso museo a la altura del siglo XXI", dijo el ministro de Cultura, "se suma y enriquece los más de 30 centros e iniciativas culturales" existentes en la ciudad. "Málaga, con su Ayuntamiento a la cabeza, se ha dotado de una infraestructura cultural innovadora que ha transformado su atractivo turístico y económico proporcionándole una gran identidad y convirtiéndose, como me gusta llamarla, en la capital de los museos".
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz tomó la palabra tras el ministro. "La inauguración de este museo es un acontecimiento muy esperado y reconfortante", dijo Díaz. "Esperado porque han sido muchos años de negociaciones, acuerdos, de obras y reconfortante porque demuestra algo importante, que cuando las instituciones cumplen con lo que quieren los ciudadanos se tienen la conciencia y la satisfacción de haber cumplido con nuestra obligación y compromiso de servicio público". La presidenta de la Junta quiso destacar también que fue la lucha de la ciudadanía la que motivó "que hoy estemos aquí", afirmó, y que "este emblema de la arquitectura civil se convierta en una de las pinacotecas más importantes de España y Europa".
La consecución del logro, como destacó Susana Díaz, "es ejemplo de que con diálogo y lealtad institucional se pueden llegar a acuerdos positivos para todos". Y añadió que "también es un triunfo compartido con unos ciudadanos activos que nos han empujado a lograr lo que Málaga se merecía, un museo integrado, ambicioso y un marco digno para una obra de calidad y de valor histórico incalculable, un museo que está en el ADN de la ciudad".
La presidenta de la Junta no quiso dejar pasar la ocasión para mencionar también las "muchas dificultades" que se encontró un proyecto dos décadas esperado. "Pero bien está lo que bien acaba", quiso zanjar Díaz y destacó la función "didáctica y social" que cumplirá la pinacoteca a partir de ahora, "que ayuda a la ciudadanía a identificarse con su historia, con su patrimonio cultural y a comprender y respetar el ajeno". "Se explican con un innovador discurso las colecciones que se han ido depositando, permiten conocer y reflexionar muchos momentos de la historia de esta tierra", indicó la presidenta de la Junta que consideró la Aduana como "un suma y sigue en su apuesta por hacerse fuerte en un campo cada día más demandado como es el de la cultura".
Tras sus palabras sonó la música. El cuarteto de cuerda de la Joven Orquesta Provincial de Málaga interpretó la pieza Andante, de Eduardo Ocón, uno de los autores más característicos del romanticismo español. Su hermano, Emilio Ocón, "fue uno de los pintores representativos del XIX, un gran paisajista", como explicó María Morente, directora del museo. La pinacoteca ya contaba con obras suyas como La gran ola y se ha incorporado una vista de la ciudad desde el puerto donde queda representada la Aduana. "De esta forma pintura y música se hermanan con una misma estirpe familiar, los Ocón, y se dan cita en esta inauguración", como señaló Morente.
Al menos en cinco numerosos grupos se tuvo que dividir a los asistentes para visitar las instalaciones. Antes de descorrer la cortinilla de la placa y después, en el cóctel tras el recorrido, los saludos, las alegrías y las enhorabuenas. El 12 de diciembre de 2016 ha sido, sin duda, una fecha importante para Málaga.
Cristina Fernández .Málaga Hoy

Casi lo primero que hacen es recordar a los que ya no están: Manuel Barbadillo, Gabriel Alberca, Dámaso Ruano, Joaquín de Molina... Y la nostalgia detona la espoleta de los recuerdos, del tiempo en que pintaron aquel cuadro o esculpieron aquella pieza que ahora reposa en la primera planta del palacio de la Aduana, en el tramo final de la sección de Bellas Artes. Ahí, en las salas dedicadas a las manifestaciones artísticas del último siglo conviven los autores de aquella ‘Generación del 50’ con los pintores de la nueva figuración malagueña de los 80, hasta llegar a la reivindicación lúcida y lúdica del colectivo Agustín Parejo School.
El Museo de Málaga, en datos
El papel del Museo de Málaga en la escena cultural de la ciudad, la propia reivindicación de los creadores en el debate cotidiano y la necesidad de mirar hacia el futuro por parte de la institución que los acoge surgen como asuntos de una charla que va de las salas expositivas al recibidor de la planta baja, en el interior del imponente palacio ganado para uso cultural. «Creo y deseo que se va a generar un diálogo con la ciudad, al menos ese es el objetivo», abrocha Eugenio Chicano, el más longevo de la cita, que las próximas navidades cumplirá 81 años.
Una decena de artistas malagueños pasa revista a su propia trayectoria y, con ella, al último medio siglo de la creación plástica, a través de la pieza que cada uno tiene expuesta en el Museo de Málaga, que abrirá el próximo lunes. En el diálogo se repite una palabra: «emocionante».
Juan Béjar (1946) recuerda cómo empezó en su juventud a tientas con el impresionismo, llegaron llegó el expresionismo, el surrealismo... «Me siento contento con la obra que está en la colección del museo, aunque es algo muy distinto a mi trabajo actual», brinda el autor antes de rematar: «Un artista siempre cree que la obra ideal y perfecta es la siguiente que vas a hacer, que la obra que mejor te representa es, si acaso, la última que has hecho».
Béjar admite que la exposición que protagonizó la pasada primavera en la Sociedad Económica de Amigos del País hizo que cambiase cierta idea que tenía sobre sí mismo. O mejor, sobre la relación que su ciudad tenía con él: «Para mí fue una gran sorpresa porque creía que era un pintor olvidado y he visto que se me ha reconocido». Un reconocimiento que ya vivió con su obra expuesta en el Museo de Bellas Artes cuando éste ocupaba el Palacio de Buenavista y que ahora reverdece: «Me siento reconocido y para mí es una gran satisfacción estar en el Museo de Málaga. Me alegro mucho de que al fin se abra, porque tiene una gran colección de pintura del XIX, que durante un tiempo ha estado olvidada, incluso denostada, y que es muy importante y ahora al fin se está reivindicando, sin olvidar la gran colección de arqueología del museo que es tan interesante».

Enrique Brinkmann.
«He pintado más de dos mil cuadros... Es cierto que los hay más representativos, pero me gusta el que está puesto», aporta Enrique Brinkmann (1938) sobre ‘Calvicie crepuscular’ (1988), su pieza en la colección de la Aduana. «Me parece que es natural estar en el museo. Al fin y al cabo, creo que en Málaga en el siglo XX soy alguien», defiende el autor, que se felicita porque «al fin» se abre el museo provincial.

En cuanto al discurso de la institución, Brinkmann se muestra un poco más crítico: «Creo que el siglo XX podría estar mejor representado. Falta una buena colección del siglo XX en Málaga (…) Es verdad que está Picasso, el museo y la Casa Natal, pero aparte de Picasso, creo que el arte realizado en Málaga debería estar más presente en la ciudad».
Eugenio Chicano (1935) se apoya en un bastón y en cierto humor socarrón para cubrir el largo paseo desde la entrada del Museo de Málaga hasta ‘Circunvalación’, la pieza que pintó en 1972 y que está incluida en los últimos compases de la sección de Bellas Artes de la institución provincial. «Es el último cuadro que hice de aquella serie y está realizado a partir de cuatro fragmentos independientes. Esta composición permitía exponerlo el diferentes disposiciones en la pared, incluso en el techo, formando una escuadra», recuerda el artista antes de apostillar que la obra ha estado presente en citas internacionales como la Cuatrienal de Roma y la Bienal de Nueva Delhi.
«Me siento bien representado con esta pieza (…) Además, esta es una sala llena de amigos (…) Es muy emocionante ver el fruto de las manifestaciones que pedían la Aduana para Málaga», establece el artista, presidente de la Fundación Aduana Museo de Málaga y autor del emblema de aquella reivindicación cívica que logró el uso cultural del inmueble: «Es un reto que los malagueños vengan a este museo, porque este no es un museo para el turismo. También puede serlo, pero es sobre todo un museo por y para Málaga».
A Francisco ‘Paco’ Jurado (1944) le puede la vena sindicalista. Siempre. También cuando habla de su faceta como artista plástico. «Esta obra la hice en plena vorágine sindical», rememora en alusión a ‘Emigrantes’ (1974), el dúo que representa su obra en el Museo de Málaga. «Quise trabajar con el hierro, que pese a ser un material muy frío es muy bueno para comunicar», establece el también presidente de la Asociación de Artistas Plásticos de Málaga (Aplama).
Jurado también participó de manera muy activa en la reivindicación ciudadana que reclamó el uso cultural de la Aduana. «El mundo intelectual de Málaga estuvo muy presente en el germen de este museo», rememora el escultor antes de reivindicar un mayor protagonismo de autores malagueños, en particular, de los creadores que en su día recibieron la Beca Picasso de la Casa Natal y que aún no están representados en los fondos de la colección. En particular, Jurado menciona a Rafael Alvarado, el artista que prendió la primera mecha de aquel movimiento cristalizado en el lema ‘La Aduana para Málaga’.
«Hacía tiempo que no las veía y me ha gustado mucho reencontrarme con ellas, porque es un lugar magnífico». Elena Laverón (1938) se acerca a las esculturas que ocupan el filo de la peana central de la sala dedicada a los creadores malagueños del último medio siglo. Antes, la autora ha palpado la reproducción de su ‘Pareja tomando el sol’ (1969) destinada a los visitantes con problemas en la visión. La escultora palpa las explicaciones en braille y comenta: «Me ha impresionado lo que han conseguido con el museo, además de estar al lado de tanto viejos compañeros... Me gusta estar tan bien acompañada». Y sonríe.
Piedra. Elena Laverón, junto a ‘Bailarina’ (1969), incluida en la exposición de la Aduana. Acogida. Juan Béjar celebra la inclusión de su trabajo en el discurso de la sección de Bellas Artes del museo. Texturas. Francisco Peinado firma su obra titulada ‘Dos hermanas’ (1982). / F. González/ Sur
Laverón admite que, hace tiempo, los museos le daban «cierto miedo», pero ahora esa sensación ha ido menguando: «Ya soy muy vieja y siento desde hace tiempo que he llegado donde quería o, al menos, he intentado aproximarme lo máximo que he podido, así que estoy muy feliz de ver mi obra aquí».
Rogelio López Cuenca (Agustín Parejo School). ‘Du côre de L’URSS’ (1985). Técnica mixta sobre papel. «Me parece una especie de intrusismo que una obra como esta esté en un museo de Bellas Artes»
En los años 80 del siglo pasado brotó en Málaga un colección artístico efímero y crucial, lúcido y lúdico, que sembró la calle de pintadas, de acciones artísticas y otras intervenciones siempre irónicas y enjundiosas. Eran los Agustín Parejo School, del que formó parte Rogelio López Cuenca (1959). «En un sitio tan cargado de memoria como la Aduana, esperemos que en esta ocasión no suceda como en otros casos y que la historia del lugar permanezca presente y no sepultada bajo la propia idea de museo», aduce Rogelio López Cuenca.
«Me parece una especie de intrusismo que una obra típica de los 80, con ese aire punk, que hace una renuncia explícita a la autoría, al mito del artista genial con esa soberbia y autoridad que la propia Historia del Arte y el propio museo personaliza... Todo eso me hace pensar en esta obra como una especie de carga retardada introducida en ese relato, de modo que, aunque en este momento quizá no se perciba, en algún momento dará pie a cuestionar lo que se cuestionaba en ese momento a través del tipo de obra que hacíamos», ofrece el autor.
«¡Ah... los 80!». Gabriel Padilla (1949) evoca con un pequeño suspiro los años de máximo apogeo de aquel grupo de artistas que trajo nuevos aires a la escena plástica malagueña donde él mismo tuvo un papel destacado. «Cuando uno ve una obra suya después de tantos años produce un poco de vértigo. Después he pintado mucho, creo que he mejorado... Pero bueno», concede Padilla, retirado del circuito expositivo desde hace años.
«Recuerdo los 80 como una época muy divertida, feliz y creativa», añade Padilla, quien marca distancias sobre los posibles significados de su inclusión en la propuesta del museo provincial como representante de aquella nueva figuración malagueña: «No sé si hay que reivindicar algo relacionado con aquella época... El tiempo lo dirá. No le doy tanta importancia».
Apenas tres días después de la inauguración del Museo de Málaga, Francisco Peinado (1941) estrenará una exposición individual en la Galería JM de la capital. ¿Con obra reciente, Paco? «¡Pues claro!». Porque Peinado sigue al pie del bastidor y ese afán de actualidad le lleva a cierta desazón frente a su cuadro en la Aduana. «Hacía tiempo que no lo veía... Mi pintura ha evolucionado mucho y para mí esta es una época ya superada. En ese tiempo estaba más preocupado por las texturas pictóricas (…) Al verlo me sigue gustando, pero esperaba una obra más reciente», aporta el artista.
Peinado recuerda que en ‘Dos hermanas’ pintó «dos monjas, vestidas de negro, sin cabeza». Y sigue: «Es un cuadro que compró la Junta de Andalucía después de una exposición en el Museo de Bellas Artes. La Junta tiene muchos cuadros míos, quizá por eso esperaba alguno más actual...», desliza Peinado.

Diego Santos. ‘Sin título / Tríptico’ (1988). Acrílico sobre tabla. «Me gustaría que este museo no se quedara en nosotros y que hubiera artistas posteriores»
«Esta obra me recuerda todo lo que hicimos en los 80. Exposiciones como ‘Línea de costa’ y ‘Vida moderna’, la geometría, el color...», la mirada de Diego Santos (1953) se pierde en la evocación de la época que ilustra su tríptico expuesto casi al final del recorrido por la sección de Bellas Artes de la Aduana. Un carácter postrero que Santos querría ver ampliado. «Me gustaría que este museo no se quedara en nosotros y que hubiera artistas posteriores (…) Para eso es fundamental que haya un fondo de compra, para que la colección siga creciendo», reivindica el artista malagueño.
Durante la cita en el palacio de la Aduana, Diego Santos pasa revista a su larga vinculación con el museo provincial. «Enmarqué toda la obra de Moreno Villa y cuando la he visto montada y colgada en la sala me ha hecho mucha ilusión», ofrece el artista, que ya expuso su obra en el museo cuando este ocupaba el palacio de Buenavista y estaba bajo la dirección del recordado Rafael Puertas.
«Este es el gran museo de la ciudad. En muchos de los museos de Málaga no nos tienen demasiado en cuenta a los artistas malagueños y ojalá aquí sí le den vida a los creadores de la ciudad», desea el creador.
«Son dos obras muy definitorias de mi trabajo», sentencia José Seguiri frente a las pequeñas esculturas de Acteón, Tarquín y Lucrecia. Las reminiscencias del mundo clásico, uno de los ejes esenciales en la trayectoria del escultor, brillan en las piezas incluidas en el discurso del Museo de Málaga. «Estar incluido en esta cadena de artistas, desde el siglo XIX, incluso antes, hasta casi la actualidad, es muy emocionante para mí», ofrece Seguiri ante la maqueta de una de las figuras que se quedó a vivir en la plaza de Uncibay de la capital. «Esta pieza la doné al museo, mientras que la otra la adquirió hace algún tiempo la Junta de Andalucía», añade el autor.

Y ahora, con sus creaciones instaladas en el museo provincial, ¿hay sensación de fin de trayecto? Seguiri sonríe como un niño tímido y concluye: «Siempre me siento un debutante... Aquí y ahora, también».
ANTONIO JAVIER LÓPEZ. Diario Sur


El museo de La Aduana ha sido como un regalo de Reyes para la ciudad. Un regalo que, llegado después de veinte años de espera, parecemos recibir con incredulidad maravillada, como si, en cierto modo, ya lo hubiésemos relegado en nuestra mente a la confusa inmaterialidad de los deseos frustrados. De modo que ahora, siendo una realidad tangible, no lo podemos percibir sino como un sueño, como se sueñan, más que se tocan, los regalos de Reyes la mañana del 6 de enero cuando por fin coinciden con nuestros deseos y no parecen reales.

Así lo describió el pintor, Rafael Alvarado, uno de los que más luchó por ubicar el museo de la ciudad en la Aduana, cuando por fin llegó el día de su inauguración; “me siento como el niño que se levanta el Día de Reyes y ve la mesa con los regalos”.

Ahora, más que nunca, sabemos que merecieron la pena aquellas manifestaciones callejeras y tantos años de resistencia. La Aduana es, por su enclave, y por la belleza equilibrada de su arquitectura neoclásica el lugar ideal para acoger la colección de los clausurados museos de Bellas Artes y Arqueología. De hecho, quien vaya por primera vez pensará que siempre estuvieron allí.

Después de un par de décadas de embalaje, esperando un incierto rescate del limbo de los desvanes, las obras se adueñan del espacio visible con la energía inquebrantable de los resucitados, tocadas por la mágica ciencia del milagro.

La disposición exacta de las obras, magníficamente ilustradas por los paneles explicativos, nos permite un recorrido muy bien tramado por la historia y el ideario sentimental y estético de la ciudad y nos acerca a infinidad de fascinantes argumentos a través de la biografía de los pintores y los temas explícitos y soterrados que alimentan sus pinceles en sus principales creaciones.

El punto de partida es perfecto con “Alegoría de Málaga” de Bernardo Ferrándiz, pues nos permite saber cuáles fueron los pilares de la sociedad malagueña del siglo XIX y nos hace tomar contacto con el maestro valenciano que fue el Alma Mater de la escuela decimonónica de pintores malagueños; el que fue director de La Academia de Bellas Artes de San Telmo y dirigió, formó y apadrinó a los pintores que construirían la personalidad estética de esta ciudad, entre ellos, Muñoz Degrain, a quien trajo de Valencia para decorar los techos del teatro Cervantes y el salón de plenos del Ayuntamiento.

Hay una comunidad espiritual entre valencianos y malagueños, como podemos ver por otros nombres, en la escuela malagueña. Una hermandad propia de los artistas que nacen bajo el signo del mar y de la luz. Si bien cuando pensamos en mar vivo, sin contaminación de otros conceptos, nos asaltan a la vista las potentes marinas del malagueño, Emilio Ocón, discípulo de Haes, pero creador de un estilo personalísimo y lleno de energía.

Y si, para mí, Ocón es el mar, Moreno Carbonero es el retrato; el creador de miradas elocuentes, capaces de dialogar con el espectador a través de los siglos, el psicólogo de las fisonomías que cifra un mensaje en cada rasgo de sus personajes. Moreno Carbonero es el rostro y Pedro Sáenz y Sáenz es el cuerpo. Los bellísimos cuerpos de mujeres que, en clave prerrafaelista, hablan ocultando el rostro entre sus cabellos como lo hace la musa en “La tumba del poeta”. Un cuadro para mirar sin prisas.

De José Nogales Sevilla y de Enrique Simonet es la escena; el lienzo que relata toda una historia llena de entresijos. Por desgracia, el primero, debido a la enfermedad que le paralizó, no nos pudo contar muchas más historias tan apasionantes como “El milagro de Santa Casilda”, con sus panes convertidos en rosas, en cambio el segundo nos ha regalado una narración enigmática, todavía abierta a muchas lecturas. El cuadro se titula “¡Y tenía corazón!” y nos presenta el momento a contraluz de una mañana en el que un anciano médico forense mira con sorpresa el corazón de la bella muchacha que derrama su carnalidad difunta sobre la mesa de operaciones. Tal vez una prostituta que ha muerto en plena flor de la vida por culpa de sus excesos. La lección podría dar pie a una interpretación moralista; es extraño que una mujer que ha causado la ruina de tantos hombres, tenga corazón o bien revestir una denuncia social; hasta las personas que por extrema necesidad se ven obligadas a vender su cuerpo, tienen corazón. Aunque caben otras siempre; las vuestras.

El arte es un misterio que incluso establece conexiones entre lo místico y lo prostibulario. Como lo hacía el propio Caravaggio y Joaquín Martínez de la Vega, el más maldito de los pintores de la escuela malagueña que cayó en desgracia después de perder a su hija y a su esposa en breve tiempo, refugiándose en las drogas y el alcohol en un ambiente de tabernas y amores mercenarios. Enamorado de una prostituta, Carmen, que lo contagió de sífilis, la hizo protagonista de un cartel de La Feria de Málaga para escándalo del jurado -que sin embargo, lo premió- y aventuró en su obra un simbolismo delirante, aún demasiado transgresor para el siglo XXI. Como el maestro Ferrándiz, que acabó encarcelado y degradado socialmente a causa de una pelea con otro académico, Martínez de la Vega murió como un mendigo, olvidado de todos en la posada de San Rafael. Aunque antes tuvo el honor y la clarividencia de bautizar como artista al niño Pablo Picasso, esparciendo unas gotas de champagne sobre su cabeza.

Tenemos una historia artística, honda y trágica a la altura de cualquier bohemia. Y toda está en el Museo de la Aduana (gratis) ¿a qué esperáis?
Lola Clavero . Blog La opinión

  
Mide tres metros y medio de alto por seis de ancho, ronda los 130 kilos y ha permanecido en los talleres de restauración del Museo del Prado durante más de un año.
La pieza ya comparte sala en el palacio de la Aduana con otro icono del museo: ¡... Y tenía corazón! (1890) de Enrique Simonet. Allí, en el tramo final de la sección de Bellas Artes, espera una obra que se ha sometido a una laboriosa y delicada cura en los talleres del Prado. Los especialistas han corregido las deformaciones ocasionadas por los años que el lienzo ha permanecido enrollado en un tubo, al tiempo que han restaurado las zonas cuarteadas, sobre todo en la parte superior, pintada con el llamado blanco de plomo.
Asimismo, la tela cuenta ahora con un nuevo bastidor, dividido en dos cuerpos ajustables. Junto a esos procesos, la recuperación de los barnices ha hecho posible que la pieza recupere el esplendor perdido, como se aprecia al comparar su estado antes y después de la restauración.
Antonio Javier López Sur



La responsable del Museo de Málaga, cuya inauguración se celebrará el próximo 12 de diciembre –el público podrá visitarlo a partir del martes 13– se prepara para culminar diez años de trabajo. En su nueva vida como museo, el Palacio de la Aduana muestra más de 2.000 piezas de arqueológicas y más de 200 obras pictóricas [la colección de Arqueología está formada por más de 15.000 piezas y la de Bellas Artes posee unas 2.500 obras] que trazan un recorrido por la historia de Málaga y su provincia. Con 2,5 millones de euros de presupuesto, el acceso al mayor museo de Andalucía será gratuito, salvo para los visitantes que no pertenezcan a la Comunidad Europea, que deberán pagar 1,50 euros. Morente asegura que la Aduana es un «museo sostenible» y muy «bien pensado», por lo que está convencida de que se harán «grandes cosas» con ese presupuesto.
¿Qué reacción espera de los malagueños que visiten el museo?
Los malagueños se van a sorprender desde el inicio de la visita, cuando se encuentren con el patio y con el edificio de la Aduana, porque es un espacio que tenemos en la retina, que recordamos por su uso administrativo pero que muchos no conocen con la rehabilitación de arquitectura moderna que hoy tiene. También creo que les va a gustar especialmente todo lo que tiene que ver con el diseño y el montaje, donde las piezas lucen mucho. Es una apuesta por una museografía contemporánea, evocando los grandes museos del siglo XIX. Hay piezas que también van a ser llamativas y que los malagueños conocerán por primera vez. Desde que se cerró la sección del museo de la Alcazaba han pasado dos décadas, desde aquel momento, la investigación en los hallazgos arqueológicos han sido muchos. Hoy están aquí las colecciones del Cerro del Villar; los materiales más modernos del asentamiento fenicio de La Rebanadilla; las cerámicas de Alozaina... Un tanto por ciento muy importante de piezas de arqueología son completamente inéditas. Creo que van a gustar también mucho las grandes ilustraciones que adornan el interior de las vitrinas, que explican los paisajes culturales de Málaga y los momentos de los contextos históricos. Por último, los malagueños se van a emocionar con el reencuentro de cuadros como Anatomía del corazón o con la colección Loringiana. Además, los arqueólogos de la provincia se van a encontrar con sus piezas bien expuestas, y eso les va a encantar.
¿Cuáles son los grandes atractivos del Museo de Málaga?
Yo creo que la rehabilitación del edificio es muy atractiva. La nueva cubierta evocando a la antigua que se quemó en 1922, pero formalizada en un lenguaje arquitectónico contemporáneo, con una gran teja que lleva impresa la vista de la Aduana en el siglo XIX, es espectacular. También será importante el hecho de que se pueda usar la planta baja sin restricción alguna, puesto que la Aduana fue un edificio que fue reclamado por la ciudadanía en manifestaciones públicas. Anteriormente era un inmueble vinculado al uso administrativo, al poder, motivo por el que los malagueños han disfrutado muy poco del mismo. Por supuesto, que dispongamos de una colección tan variada, que vaya desde la Prehistoria hasta el siglo XX también es un gran atractivo, así como el discurso con el que se presentan las colecciones que se cuentan desde el siglo XIX en Málaga. Además, los bienes del museo se presentan arropados por unos recursos sencillos pero de interés y que hace mucho más fresca la lectura de las distintas obras, como testimonios, lecturas, un recorrido de personajes históricos.... Por otra parte, otro de los atractivos es un almacén visitable. Cada visitante puede recorrer con su entrada el interior de uno de los almacenes del museo.
Hablando de entradas, ¿será cien por cien gratuito para todos?
Con respecto a los precios, seguiremos la política de museos públicos de la Consejería de Cultura, que son gratuitos para los españoles y los visitantes pertenecientes a la Comunidad Europea. Para los visitantes de fuera de la CEE, la entrada costará 1,50 euros. Esto quiere decir que abrimos nuestras puertas con un precio más que asequible que va a permitir que no solo se pueda venir una vez al museo sino que se pueda frecuentar de forma habitual. Abriremos de martes a sábado, de 9 de la mañana a 20.00 horas, y los domingos cerramos por la tarde.
¿Cuánto tiempo se necesita para recorrer toda la dotación que tiene el museo ?
Como la colección es amplia y va acompañada de ciertos recursos, yo creo que una visita se puede hacer, razonablemente, en dos horas y media. Aunque a los malagueños no les invitaría a calcular el tiempo, les invitaría a que vengan frecuentemente. El Museo de Málaga está cargado de pequeñas historias y deberíamos poder venir muchas veces a descubrir cada una de ellas.
¿Qué estimaciones de visitas se barajan durante este primer año?
La verdad es que no hemos hecho un cálculo del número de visitantes, pero suponemos que será alto, puesto que Málaga tiene una oferta museística complementaria y ya resulta una ciudad atractiva en este sentido. Asimismo, la rentabilidad de un museo no es solo el número de visitantes, sino que va estar en la calidad que tengamos como servicio y en la experiencia que permita tener el Museo de Málaga. Yo creo que esto es algo que la Aduana puede permitirse y va a ofrecer a los todos los visitantes malagueños.
¿Cómo funciona el museo antes de la inauguración oficial?
Ahora estamos inmersos en el acto de inauguración, pero una vez que pase ese día, el museo abrirá sus puertas. Creo que esta larga aventura que ha sido conquistar la Aduana, traer las colecciones e instalarlas, solo tenía una meta. Y es el día que se abran las puertas y los malagueños puedan entrar y encontrarse con su patrimonio y disfrutarlo.
¿Y cómo afronta esta nueva etapa?
Con la misma ilusión con la que empecé el proyecto en el año 2006. Mi objetivo era articular y coordinar un gran proyecto que tenía que pensar en muchas circunstancias y tenía muchos retos; el primero convertir la Aduana en un museo, conseguir que las colecciones llegaran aquí y generar un espacio atractivo e inteligente para el público. Ahora, cuando abrimos las puertas, volvemos a tener la misma ilusión, energía y retos, porque ahora se trata de hacer actividades, de contactar con el público y poder disfrutar todo este montaje.
En este sentido, ¿qué tipo de actividades organizará el museo?
Habrá un programa activo de actividades porque hay unos espacios adecuados para ello. Las actividades irán dirigidas a todos los públicos. Este es un museo en el que se representa tanto el valor patrimonial de la provincia que a mí me gusta llamarle un «museo de base», porque aunque sirve a los especialistas, está orientado preferentemente a un público no especializado. En este sentido, se organizarán actividades dirigidas a cualquier tipo de colectivo. Este es un museo que tiene que acoger a públicos muy dispares y hacerlos sentir como en casa. Además, como en la mayoría de los museos, permitimos a los investigadores acceder a las colecciones. En este sentido, nos hemos planteado ir un paso más allá y en nuestros almacenes no solo hay espacios disponibles para los investigadores sino que disponemos de una configuración a modo de aula de manera que la Universidad de Málaga pueda traer a sus alumnos y dar clases dentro de un almacén.
Este museo se ha ido creado durante un periodo de crisis económica. ¿Es así cómo lo imaginaba?
Ha quedado mejor que como lo había soñado, incluso. El inmueble está trazado en base a una planificación estratégica y a unos proyectos. Esto es, el museo tiene una metodología muy bien trazada y muy serena y el resultado es un poco lo que hemos ido generando. La gente que no sabe que hemos atravesado una crisis económica no lo va a notar porque tiene una gran de ejecución material y un alto diseño.
¿Cree que el actual presupuesto de 2,5 millones de euros es suficiente?
Este es el presupuesto del que partimos y, sin ninguna duda, vamos a ser capaces de hacer grandes cosas con él, ya que la Aduana es un museo sostenible. Sus instalaciones están muy bien pensadas. Los museos no son a día de hoy económicamente rentables; los museos deben ser rentables como producto cultural y esa misión la vamos a cumplir, sin duda.
¿Podría explicar las líneas expositivas a lo largo del año inaugural?¿Sobre qué versarán las muestras temporales?
Las líneas expositivas van a ser muy amplias y diversas porque tenemos unas colecciones históricas que van a ser el eje vertebrador de muchos encuentros, diálogos y piezas invitadas. Pero la Aduana se define también como una apuesta por el arte y la cultura contemporánea. Además, también acogeremos investigación porque, en una parte, somos un museo arqueológico. Con respecto a las muestras temporales, no tenemos claro sobre qué versarán, pero sí que hemos ido generando vínculos con instituciones como museos estatales. De hecho, somos el museo que más fondo tiene del Museo del Prado, por lo que nuestra relación es muy especial. El Museo Arqueológico Nacional también nos representa, por lo que tenemos un anclaje con él bastante importante. A todo esto le sumamos, además, que nuestra relación con todos los museos de Andalucía es bastante amplia.
¿Cuántas piezas forman la colección de Arqueología y cuántas tiene la de Bellas Artes?
Dentro de la colección permanente que está expuesta al público, en arqueología hay unas 2.000 piezas y en arte un poco más de 200 piezas, más las 500 que conforman el almacén visitable. Dentro de los almacenes del Museo de Málaga contamos con 2.500 piezas en Bellas Artes y 15.000 de las colecciones del Arqueología. Además, tenemos muchas piezas en depósito dentro de varias instituciones de la provincia.
¿Es comprensible que la Lex Flavia Malacitana no se encuentre aquí expuesta?
La Lex Flavia Malacitana podría estar en el Museo de Málaga y estaríamos encantados. Pero la Lex Flavia, al igual que otras muchas piezas están en el Museo Arqueológico Nacional. Hay que pensar también que tener esta pieza en la institución nacional es un orgullo para la provincia. Yo creo que si conseguimos que la Lex Flavia venga, será un momento grande. Por el momento, hay que pensar que, por primera vez, tenemos reunida la colección Loringiana en el Museo de Málaga, y eso nos permite una alianza con el Museo Arqueológico Nacional. Dentro del edificio de la Aduana, al principio estuvimos pensando en hacer una réplica de la Lex Flavia, pero luego decidimos que lo mejor era instalar un recurso interactivo en el lugar que debía ocupar la obra.
María Palma Martos La Opinión de Málaga



Nació por decreto, vivió en un piso, luego se mudó a un palacio y acabó desahuciado durante casi dos décadas. Ahora el Museo de Málaga recupera el esplendor perdido y, por primera vez en más de un siglo de historia, reúne en la misma sede las colecciones provinciales de Arqueología y Bellas Artes. El catálogo completo de ambas secciones supera las 17.000 referencias, si bien en el palacio de la Aduana estarán expuestas unas 2.700.
El edificio más imponente de la ciudad abrirá sus puertas dentro de una semana como sede del museo provincial, después de una larga y compleja reforma que se ha prolongado durante más de siete años y que ha transformado un edificio administrativo en la casa de uno de los museos más notables –en cuanto a sede y colecciones– del país.
18.451,96 metros cuadrados construidos ofrece el palacio de la Aduana después de la amplia reforma a la que se ha sometido. Los trabajos de acondicionamiento comenzaron en la primavera de 2009 y tienen como principal rasgo visual externo la recuperación de la cubierta, inspirada en la que fue pasto de las llamas en el incendio ocurrido en 1922.
El Museo, en datos
Trabajadores tendrá el equipamiento cultural. La plantilla del museo ha crecido desde los 31 empleados vinculados a la institución. La Junta de Andalucía anunció el aumento de personal tres semanas antes de la inauguración del museo y aclaró que todas las incorporaciones procederán de trabajadores ya adscritos a la Administración autonómica, ya sean funcionarios o personal laboral.
1973
Fue el año en el que los museos provinciales de Arqueología y Bellas Artes quedaron unidos en una sola institución: el Museo de Málaga. Esa unificación ha sido uno de los principales argumentos en defensa de que, por primera vez en su larga historia, ambas colecciones permanezcan expuestas en un mismo espacio, en este caso, el palacio de la Aduana.

3.574 metros cuadrados de superficie útil ofrece la planta baja del palacio, que permanecerá abierta al público como una plaza más de la ciudad para que cualquiera pueda entrar y visitarla. La zona cuenta con bancos, árboles, una fuente, paneles explicativos sobre el museo, al tiempo que dará acceso a una cafetería, una tienda y a las salas expositivas.

36 años permaneció el Museo de Bellas Artes en el Palacio de Buenavista, actual sede del Museo Picasso Málaga. La institución recaló allí en 1961 y permaneció en la calle San Agustín hasta 1997.

2.700 obras de arte expone el museo en su colección permanente, tanto en la sección de Arqueología como en la de Bellas Artes. Los fondos de la institución superan las 17.000 referencias (unas 15.000 corresponden a piezas arqueológicas y el resto, a Bellas Artes). De este modo, la Aduana mostrará el 15,8% de las colecciones reunidas en la institución provincial.

38.685.978 euros ha invertido el Estado en la rehabilitación del palacio de Cortina del Muelle. El proyecto arquitectónico ha corrido a cargo del estudio de Fernando Pardo, mientras que el diseño interior de los espacios expositivos lleva la firma de Frade Arquitectos.

359.445 euros ha sido la inversión del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para la recuperación de las obras arqueológicas reunidas en la Colección Loringiana. Las tareas de recuperación las realizaron las empresas SIT (142.129,63 euros), Clave (118.580 euros) y Ártyco (98.736 euros).

19 años se cumplirán el próximo 12 de diciembre, día de la inauguración oficial del museo, de la primera manifestación organizada en la capital para reclamar el uso cultural del palacio. Bajo el lema ‘La Aduana para Málaga’, diversos colectivos de la sociedad civil articularon cuatro grandes movilizaciones entre 1997 y 2001.

680.000 euros ha destinado la Junta de Andalucía, a través del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, a la restauración de más de 450 piezas del Museo de Málaga. La mayoría de los trabajos se han desarrollado entre 2010 y 2015
ANTONIO JAVIER LÓPEZ Diario Sur


Más de medio millar de obras expuestas en el Museo de Málaga se han sometido a procesos de rehabilitación. El ministerio y la Junta han recuperado desde piezas arqueológicas hasta grandes lienzos de las colecciones de la institución provincial. El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico ha recuperado más de 450 piezas en cinco años
Sucede en las vasijas, en las ánforas, los platos, algunos mosaicos y otros objetos con miles de años en su haber. De repente, queda un hueco. El vano recibe el poético nombre de ‘laguna’. Hace un tiempo, la costumbre era rellenarlo. Ahora no. Ahora queda ese vacío como manera cabal de contar la Historia. Lo explica Ana Bouzas, especialista del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) que ha participado en la recuperación de algunas piezas emblemáticas incluidas en las colecciones del Museo de Málaga.
Más de medio millar de piezas del museo provincial se han sometido a diversos procesos de restauración antes de su exhibición en el palacio de la Aduana. Las tareas se las han repartido el IAPH y el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Ambas iniciativas suman más de un millón de euros de inversión y se refieren tanto a las piezas arqueológicas como a grandes lienzos entre los que figuran, entre otros, ‘Noche clara en La Caleta’ de Antonio Muñoz Degrain, ‘La meta sudante’ de José Moreno Carbonero, ‘La buenaventura’ de Enrique Simonet y ‘La última ola’ de Emilio Ocón Rivas.
Estos últimos le han correspondido al IAPH, que entre 2010 y 2015 ha recuperado más de 450 obras con una inversión de 680.000 euros, tal y como recordó la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, el pasado 5 de mayo durante el traspaso de la gestión del palacio de la Aduana del Gobierno central a la  Junta de Andalucía. Por su parte, las tareas del IPCE se han centrado en 94 piezas de la Colección Loringiana.
En este último flanco han trabajado los especialistas de las tres empresas que ganaron el concurso convocado por el ministerio con un presupuesto global de 359.445,63 euros: los técnicos de Clave recuperaron las piezas de mayor tamaño en el Jardín Botánico de La Concepción; en el PTA, los expertos de Ártyco actuaron sobre las obras de menor tamaño, mientras que la compañía SIT se ha encargado del traslado de las obras.
«En esta intervención se le da al conjunto de la colección loringiana una unidad que hasta el momento no había tenido», detallaba la restauradora Elena García Martínez, del IPCE, directora técnica de la rehabilitación de los fondos loringianos. Sobre estas esculturas se ha aplicado un «tratamiento sostenible», centrado en la eliminación de residuos y hongos. «Antes de actuar sobre las piezas se han tomado muestras que se han estudiado en la Universidad de Granada», avanzaba García antes de concretar los pasos básicos de este tipo de intervenciones: primero se aplica un alcohol que actúa como biocida para eliminar las microalgas y esporas incrustadas en las esculturas de mármol; tras dejar el líquido actuar, se retira con vapor y las impurezas que aún queden se eliminan a punta de bisturí.
Entre las piezas rehabilitadas en La Concepción había esculturas que superaban los 500 kilos. Nada comparado con los 24.000 kilos que sumaba el hipogeo encontrado en la calle Mármoles de la capital que ya descansa en el almacén visitable de la Aduana. «Tenía una protección de cemento armado que elevaba mucho el peso», recuerda Bouzas, quien guarda una sensación especial para los trabajos de recuperación del impresionante mosaico romano bautizado como ‘El nacimiento de Venus’.
EL ‘RENACIMIENTO’ DE VENUS
«Se extrajo en 1956 de una vivienda en Cártama y se colocó sobre un soporte de hormigón, al aire libre, en el palacio de Buenavista. Ha habido que desfragmentarlo, limpiarlo y volverlo a montar... Ha sido un trabajo duro, muy físico, sólo el emblema octogonal de la parte central pesa unos 200 kilos», añade Bouzas.
Porque el mosaico llegó en 46 fragmentos y ha terminado ocupando una superficie de 38 metros cuadrados. «En su recuperación hemos empleado un mortero de cal y arena al modo de los romanos, pero actualizado, como es lógico. La pieza se ha montado del revés y sobre ella se ha colocado una superficie de un material ligero y muy resistente que se emplea en aeronáutica. Una vez ensamblado, le dimos la vuelta y sólo en esa operación participamos seis personas», ilustra Bouzas sobre el largo proceso de recuperación de una de las piezas más espectaculares del Museo de Málaga.
ANTONIO JAVIER LÓPEZ  Diario Sur



La lírica suele tener poco espacio en las pancartas de las manifestaciones. Pero aquella era una concentración diferente, insólita, porque aquellas cinco mil personas pedían en la calle nada menos que un museo para su ciudad, así que el mensaje en la lona se permitió una pequeña licencia poética: ‘Queremos pintar algo’. Sostenían el cartel un grupo de niños en la primera de las cuatro movilizaciones ciudadanas que fueron determinantes para que el palacio de la Aduana se convirtiera en la sede del Museo de Málaga.

‘La Aduana para Málaga’ fue el santo y seña de aquella movilización ciudadana sostenida en el tiempo durante cuatro años y que hizo cambiar la opinión del Gobierno sobre el destino que debía tener el edificio más imponente de la ciudad, hasta entonces empleado como sede de la Subdelegación del Gobierno y comisaría policial.

Representantes de algunos de los colectivos reunidos en aquella reivindicación participaron ayer en la primera de las visitas programadas por la Junta de Andalucía para presentar el nuevo equipamiento cultural y ese paseo sirvió de excusa para rememorar aquellos momentos de lucha cívica.

Como en todo relato coral, las versiones son diversas, a menudo incluso contradictorias, pero en algo coinciden todas: la primera bocanada de aquel movimiento ciudadano, allá por la segunda mitad de 1997, estuvo en el entusiasmo del artista Rafael Alvarado. «Había una serie de asuntos pendientes en materia cultural en la ciudad. Era un momento de reivindicación, de carencias de infraestructuras. Siempre he vivido en el centro, el Museo de Bellas Artes era como una parte de mí y el hecho de que lo cerraran sin plantear una alternativa me parecía muy fuerte», recuerda Alvarado, en alusión al desalojo del museo provincial en el Palacio de Buenavista para dejar su sitio al Museo Picasso Málaga.

«No se entendía que no se buscara una alternativa al proyecto del Museo Picasso y pensamos que debíamos articular una fórmula para canalizar el movimiento ciudadano que empezaba a gestarse. Por entonces desarrollaba una actividad muy intensa en el terreno de lo social, me comprometí bastante en esto y gracias a la voluntad de otras muchas personas se creó la Comisión Ciudadana. Hicimos un montón de reuniones para ver la manera de movilizar a la gente. Organizamos acciones urbanas, concentraciones, de todo... Creo que logramos que el museo fuera asumido por la ciudadanía y se ha demostrado que cuando la sociedad civil se une, las cosas salen adelante», esgrime el artista malagueño, que ayer no faltó a su cita con la memoria y con el deseo cumplido de ver la Aduana convertida, al fin, en museo.
Asociaciones de vecinos, peñas, organizaciones de consumidores, el Ateneo, la Sociedad Económica de Amigos del País, intelectuales, artistas... ‘La Aduana para Málaga’ capitalizó un impulso tan diverso como intenso. Las primeras reuniones se celebraron en la sede del Ateneo (por entonces en la calle Ramos Marín), pero aquella ola fue creciendo y orilló en El Pimpi, convertido en punto de encuentro para los promotores de aquel movimiento.
«Estuvimos en evolución constante hasta que la sociedad civil y las instituciones nos apoyaron. Hicimos muchísimas manifestaciones en el palacio de la Aduana, en Sevilla y en Madrid. Una vez nos colamos en una rueda de prensa de un alto cargo del Gobierno y nos colocamos detrás con una pancarta reivindicando la Aduana para Málaga... Fueron años apasionantes», confiesa Francisco Jurado, representante de la Asociación de Artistas Plásticos de Málaga (Aplama) y activo agitador de aquella reivindicación.
La primera demostración de fuerza llegaba el 12 de diciembre de 1997. Aquel viernes, cinco mil personas desafiaban al mal tiempo y ponían cara al anhelo de convertir el palacio de Cortina del Muelle en sede del museo provincial. «Fue algo inaudito. Además, el malagueño es cursi y eso de bajarse a la acera y sumarse en una manifestación no lo hacía, pero allí sí estaban. Pedir un museo es una cosa rara y la gente se sumó. Mis amigos de Italia me llamaban por teléfono y no se lo creían», abrocha Eugenio Chicano, autor de la imagen que sirvió de emblema visual a la plataforma y presidente de la Asociación de Amigos del Museo de Málaga.
No pasaron ni tres meses hasta la segunda manifestación. Esta vez fue un jueves, 5 de marzo de 1998, y el éxito se repetía. Regresaba aquella pancarta, ‘Queremos pintar algo’, de nuevo sostenida por niños. «Teníamos muy claro que debíamos implicar a todas las personas, pero sobre todo a los más jóvenes, porque ellos eran el futuro por el que estábamos peleando», sostiene Jurado.
Al impulso ciudadano se fueron uniendo los partidos políticos y algunas instituciones, pero el Gobierno mantenía su negativa a dar uso cultural a la Aduana. El punto de inflexión llegaría dos años después, el 18 de enero de 2001. Otro jueves. Pero en aquella ocasión, tras la pancarta que pedía ‘La Aduana para Málaga’ había 8.000 personas, según los organizadores. Era la mayor movilización hasta la fecha.
Las movilizaciones comenzaron en 1997, pero el objetivo tardó ocho años en llegar
«Cuando me puse en la esquina del Málaga Palacio y miré hacia atrás no lo podía creer. Me caían lágrimas de los ojos», confiesa Jurado antes de reivindicar la figura del fallecido Rafael Puertas, director por entonces del museo. «Rafael luchó mucho para lograr este sueño, lo pasó muy mal y tuvo un compromiso valiente y apasionado. Es de justicia recordar y destacar el papel fundamental que tuvo entonces para que el Museo de Málaga no cayera en el olvido», apostilla el presidente de Aplama.
Habría que esperar hasta 2003 para que el Ministerio de Cultura abriese la puerta de la Aduana al museo; eso sí, entonces sólo concedió la planta baja del inmueble. El camino se despejaba en 2005, ocho años después de las primeras movilizaciones. El Gobierno central y la Junta de Andalucía firmaban un acuerdo a tres bandas que liberaba el edificio para uso cultural.
Tendrían que pasar otros cuatro años para el comienzo de las obras que han transformado un edificio administrativo en un museo de factura impecable. Casi 40 millones de euros y otros siete años después, la Aduana ya luce sus colecciones de Arqueología y Bellas Artes. Las primeras salieron de la Alcazaba hace justo dos décadas, las segundas abandonaron el Palacio de Buenavista para dejar su sitio al Museo Picasso hace ahora 19 años. A los pocos meses comenzó la lucha de una ciudad que quería pintar algo en el destino de su primer museo.
ANTONIO JAVIER LÓPEZ Diario Sur





Así, la entrada gratuita para los ciudadanos de la Unión Europea ha alzado a la Aduana hasta el mejor estreno museístico en la historia reciente de Málaga. Con 43.164 personas, el Museo de Málaga lidera las estadísticas de afluencia durante el primer mes de actividad, si bien ese guarismo queda a sólo 2.186 personas de distancia del Museo Picasso Málaga, que allá por 2003 recibió en su mes inaugural a 40.978 personas sin ofrecer el acceso gratuito a las salas del palacio de Buenavista.

Desde la Consejería de Cultura ofrecían  los datos de afluencia al Museo de Málaga en este primer mes. De ellos se extrae que el 98,97% del público ha procedido de la Unión Europea, mientras que el palacio de la Aduana ha recibido en este tiempo a 448 visitantes extracomunitarios (el 1,03% del total).
672euros es la recaudación en taquilla obtenida por el Museo de Málaga durante su primer mes de funcionamiento . El dato se extrae de los 448 visitantes extracomunitarios –los únicos que abonan la entrada de 1,5 euros– que han pasado en este tiempo por el palacio de la Aduana.
ANTONIO JAVIER LÓPEZ Diario Sur