lunes, 14 de diciembre de 2009

Defensa de La Manquita




Hace dos siglos, era una obra incompleta; ahora sencillamente es así

14.12.2009 - TEODORO LEÓN GROSS.SUR

La Catedral de Málaga tiene una buena historia. Le falta una torre. El dinero para concluir la construcción -según la leyenda- se destinó a la guerra de la independencia americana. Piedras por libertad. Eso tiene encanto. Las leyendas ni siquiera tienen que ser ciertas, sólo estar interiorizadas en la memoria colectiva. Y desde luego un lugar sin leyendas resulta gris. Esto es lo que imprime carácter a la Catedral de Málaga. Finalmente hay cientos de catedrales con las torres acabadas, pero ésta es singular. En una ciudad a veces sin identidad, supone todo un símbolo, siquiera un símbolo de la ciudad siempre a medio hacer, provisional, aplazada.

Y sin embargo el nuevo obispo de Málaga no soporta la Manquita. En su primer año al frente de la diócesis -es pronto para entender algunas claves- ha decidido darle un sentido a su tarea pastoral terminando la Catedral. Él no le ve encanto al gran templo sin la torre; sólo ve una obra incompleta. Así pues, el obispo se suma al presidente del PP de Málaga, el joven Bendodo, que también ha celebrado su aniversario en el cargo con la misma idea. Hace un año, su primer proyecto fue un puente de once kilómetros sobre la bahía, un proyecto muy siglo XXI, y un año después ha abandonado la idea para apostar por la torre de la Catedral, un proyecto muy siglo XVIII. A veces se avanza hacia atrás.

En realidad la Catedral sí está acabada, sólo que con una torre menos. Hace dos siglos, era una obra incompleta; ahora sencillamente es así. Y eso la hace interesante. Si se concluyera, Málaga tendría una Catedral como la de Guadix o la de Jaén. Tal vez eso sea un reto para algunos, pero resulta mucho más atractiva la Catedral con su leyenda, con su torre ausente en el paisaje de la ciudad. En definitiva, las catedrales forman parte de la fisonomía de las ciudades -desde San Patricio entre los rascacielos de la Quinta Avenida a las cúpulas doradas en San Petersburgo- y La Manquita es una pieza clave de Málaga.

También hay partidarios de convocar un concurso internacional con los arquitectos superstars para darle un final rompedor, quizá una estructura de jardines colgantes de Zaha Hadid o una torre de cristal de Foster o un desvarío priápico de Jean Nouvel. Naturalmente esto se podría hacer, como se puede acabar la torre al modo del siglo XVIII, pero la Catedral en realidad es como es, como Cervantes con su mano desusada tras regresar de Lepanto con una buena historia que contar. Dos siglos después, es tarde para la torre. La Historia ha deparado esto; y en definitiva la leyenda es preferible a las piedras. La singularidad diferencial es, de hecho, un principio básico del marketing de las ciudades en auge. Y eso es La Manquita para Málaga.

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