jueves, 31 de enero de 2013

Agresión visual y estética al Museo de Artes Populares



Foto tomada hace varios años cuando se podía visualizar la fachada en su totalidad




A pesar de ser uno de los Museos más emblemáticos de Málaga y uno de los más interesantes , en su género ,de toda España , la fachada principal  del Museo de Artes Populares de Málaga está continuamente oculta por camiones de carga y descarga, autobuses , taxis, agresivas y antiestéticos de rótulos y señalética turística  .  El Museo de Artes Populares, Antiguo Mesón de Málaga es uno de los más bellos edificios del siglo XVII de Málaga y está protegido como Bien de Interés Cultural, por lo que con estas agresiones estéticas y visuales  se están incumpliendo las ordenanzas municipales y la Ley de Patrimonio.

Recordamos la historia y características del Museo de Artes Populares con el siguiente texto extraído de su página web:

http://www.museoartespopulares.com/
 

“El Museo Unicaja de Artes Populares, se inaugura el 23 de octubre de 1976 en el recuperado Mesón de la Victoria,antigua posada del siglo XVII, habilitado para este fin bajo el patrocinio y promoción de la entonces Caja de Ahorros Provincial de Málaga, actualmente englobada en Unicaja.

Sus antecedentes arrancan en los años sesenta, a la par de la inauguración del Museo de Bellas Artes de la ciudad (1961), concebido con dos secciones más: la arqueológica y la etnográfica. Para esta última no se contaba con ubicación fija, pues el planteamiento museográfico existente concebía una adecuación entre continente y contenido, no resuelto arquitectónicamente hablando, para la exposición de objetos considerados con valor artístico dentro de la categoría de Arte Popular.

El primer material recabado para este fin fue colocado en unas dependencias cedidas a la Caja de ahorros por la Sociedad Económica de Amigos del País, en el antiguo edificio del Montepío de Viñeros situado en la Plaza de la Constitución. En 1974 se ultima la compra del antiguo Mesón de la Victoria, abandonado y en estado de ruina, que se comienza a restaurar y acondicionar para su conversión en Museo, proceso que dura hasta el año 1976, en que se inaugura.

El objetivo inicial fue el de poner en práctica en la ciudad una política gubernamental sobre la conservación y recuperación del patrimonio etnográfico, que hacía concebir este tipo de museos como vehículo de exposición de las investigaciones en este campo. 

 


Los fondos del Museo se organizan en torno a las diecinueve salas que integran el edificio. Tratan de representar, a través de diferentes áreas de conocimiento, la vida rural y urbana de Málaga y su provincia.

Esta es la razón por la que el mundo burgués tiene una presencia tan destacada que hace que la personalidad del Museo de Málaga difiera con respecto a otros museos de este tipo. Sirva de ejemplo la combinación en la misma sala de los enseres de pesca con cuadros que representan cenacheros realizados por firmas del cotizado siglo XIX local, o la combinación entre la industria de la pasa y el exquisito trabajo litográfico realizado para etiquetas de las cajas de embalaje en la comercialización del producto.

El Museo de Artes Populares de Málaga se convierte así en una de las mejores plataformas para profundizar en el conocimiento de las circunstancias locales e históricas del lugar. Para ello incluye áreas de conocimiento que abarcan actividades tan diversas como la albardonería o arte de producir aparejos de animales, la herrería o la viticultura; reproducen entornos tan característicos como la tahona, la almazara o el gabinete de las casas burguesas; y recogen enseres tan tradicionales como los humeros de la cocina, los barros malagueños o un sardinal.

Las características pensadas para este Museo invitaban a relacionar los objetos exhibidos con su entorno arquitectónico, por ello se pensó en un espacio para acogerlo que en sí mismo fuera una referencia al contenido. El objetivo principal era mostrar la vida cotidiana de Málaga y su provincia en sus niveles más característicos, sus costumbres y actividades, así como recuperar piezas dispersas y en peligro de desaparecer por su desuso y que constituían elementos definibles del lugar, de ahí la elección del edificio. El mejor ejemplar local se encontró en el Mesón de la Victoria.


         
  
El edificio se encuentra a intramuros del casco histórico, lindando con el cauce del río Guadalmedina, entre Puerta Nueva y Atarazanas. La red de calles que se abren en este sector presentan un trazado muy irregular de tradición islámica, mantenido durante el Antiguo Régimen, tradicionalmente dedicado a posadas y mesones, hasta el punto que la calle de Francos cambió su nombre por el de Mesones, y actualmente por calle de Camas, que enmarca por su fachada trasera al Mesón de la Victoria.

La parcela donde se inscribe la edificación equidista de Puerta Nueva y el Puente de Santo Domingo que, sucesor de otro anterior, justifica la situación del mesón en ese lugar y comunica esta zona con los barrios de Santo Domingo, Perchel y Trinidad, que ofrecen una perspectiva frontal al Pasillo de Santa Isabel. Al sur enlaza con la zona de las Atarazanas, antiguo espacio comercial donde se situaba la Alhóndiga y el actual mercado de abastos de Alfonso XII o Atarazanas.


         
 La construcción data del siglo XVII, siendo realizada sobre un solar ocupado desde finales del siglo XV por otro mesón u hospedería, propiedad de la hija de Miguel de Araso, repostero de camas de los Reyes Católicos y propietario de varias casas en la ciudad. La propiedad de este primer mesón en la calle Franco nos la transmite el contrato de venta a favor de Pedro de Lorca, por 3.000 maravedíes en 1499. En 1571, tras la muerte de su último heredero, pasa por donación al convento de la Victoria.

A partir de 1621 sufre una ampliación a consecuencia del uso efectuado por los frailes Mínimos, que habían tenido que demoler la Ermita del Mar, junto a la Puerta de Espartería, ante el peligro de ataque de la escuadra flamenca, lugar que desde la fundación de la Orden había servido de posada a los frailes cuando bajaban a la ciudad. La ampliación consistió en la realización de una bodega para más de mil arrobas de vasijas y vivienda encima, invirtiendo 4.561 reales.

La nueva edificación data de 1632, fecha en la que se tienen referencias documentales del contrato entre la Orden y Diego Delgado y con los canteros Sancho Meléndez y Miguel Pérez que facilitaron la piedra para la portada. La nueva obra destruyó prácticamente todas las construcciones anteriores, concibiéndose el edificio para su uso de hospedería tal como ha llegado hasta nosotros. Otra reforma se efectuará en 1799 tras un nuevo arrendamiento.

             
El edificio tiene planta cuadrangular, prolongada en un trapecio irregular hacia el fondo de las caballerizas. Las dependencias se distribuyen en torno a un patio central, que cuenta con galería baja y alta sobre columnas y a él van a desembocar las vertientes de las cubiertas de teja morisca, ofreciendo un pintoresco y singular aspecto.

Su estructura arquitectónica ofrece un ejemplo del tipo de construcción abundante en la Baja Andalucía, en la que destacan viviendas de dos pisos, con patio interior al que se abren las diferentes estancias, característica del pueblo malagueño a decir de Moreno Villa. Con carácter de tradición morisca por un lado e italianizante por otro, representadas, ambas corrientes, por el encalado de muros, iluminación, espacio que ocupa el centro neurálgico y la anchura de la luz de los intercolumnios de tradición islámica. El esbelto alzado de los arcos de medio punto de la galería baja, con clave marcada, apoyados en columnas marmóreas de orden toscano y sin basa, son de tradición italiana.

Para J. Temboury su estructura guarda fuerte relación con los fundaq islámicos, que se organizan de manera muy similar y para las mismas funciones. Su reconversión hasta el siglo XX en casa de vecinos nos habla de su adaptabilidad a usos domésticos.

La transformación en Museo la realiza el arquitecto malagueño Enrique Atencia. En la memoria que elabora para el Ayuntamiento pone de manifiesto los "signos de ruina inminente" en aquellas zonas a intervenir con mayor urgencia, aconsejando el apuntalamiento de la fachada de calle Camas y al demolición de las cubiertas, de madera, para ser sustituidas por un forjado. Sigue un criterio restaurador muy respetuoso, limitado al destabicaje como operación indispensable para la adaptación a áreas de exhibición y consolidación de las zonas más degradadas, sólo sustituyendo íntegramente las cubiertas.