sábado, 30 de junio de 2012

Destrozos de Moneo en Avila y otros centros históricos.





Carta a Rafael Moneo

Señor Moneo:

Le escribo estas líneas para hacerle un breve comentario sobre mis vacaciones de verano. Supongo que se extrañará de que un desconocido le hable de tal asunto, y se preguntará qué tiene que ver con usted. Bien, la respuesta la encontrará tras estas líneas:
Una noche del mes de agosto me hallaba deambulando por las tranquilas calles de Ávila, ciudad que hacía tiempo no visitaba. Todo a mi alrededor era armonía; la noche fresca invitaba a pasear plácidamente por sus rincones llenos de historia… De pronto, el horror: atravieso el arco de la muralla que da a la plaza de Santa Teresa y me encuentro con un monstruo. Mis ojos no daban crédito a lo que veían. Parecía estar viviendo una pesadilla… Pero no, era la cruda realidad: un espantoso edificio digno de la más deprimente penitenciaría se había hecho hueco literalmente a codazos, destrozando la armonía arquitectónica que durante siglos había prevalecido en tan bello lugar. De nuevo me froté los ojos: no podía creer que una construcción de tan mal gusto, hubiera podido salir de la mente de un arquitecto con un mínimo de coeficiente intelectual.
Me apresuré a preguntar a algunos de los transeúntes si sabían quién había sido el artífice de tamaño despropósito. Y ya lo creo que lo sabían. Todo el mundo —para su desgracia— le conoce en Ávila y no precisamente por sus buenas obras, sino por ese horrendo edificio que es una agresión estética indigna de esta ciudad, y un atentado contra el patrimonio histórico-artístico de Ávila. En definitiva, una canallada arquitectónica y una tomadura de pelo para los abulenses, que ya le han declarado persona “non grata” en esta ciudad. No conozco ni un solo ciudadano de Ávila que le guste su edificio. Y es que el sentido común clama al cielo:
A quién le puede gustar esa horrible construcción junto a la muralla y la iglesia de San Pedro, a la cual por poco no le mete usted el esquinazo de su edificio en el pórtico. Ese mazacote al lado de la iglesia, le pega como a un santo dos pistolas. Y qué decir de esas claustrofóbicas ventanas, que más bien parecen propias de una cárcel…
Perdóneme el atrevimiento, señor Moneo, pero tiene usted el talento en el trasero.
Tengo que decirle que ha cometido un doble delito: la obra en sí, que es patética, y lo más grave de todo, el enclave histórico al que afecta.
Señor Moneo: cuando le hablo de atentado contra el Patrimonio Nacional no estoy exagerando; lo digo literalmente. Sin duda es terrorismo destruir un edificio como hemos comprobado hace ahora justo tres años; pero usted ha demostrado que se puede ser terrorista construyendo. La prueba fehaciente: su lamentable edificio de Ávila. Con su esperpéntica obra parece que nos tomase por estúpidos a todos los españoles, y creo que no lo somos.
Señor Moneo: si tuviese un mínimo de vergüenza mandaría demoler ese edificio. Si no lo hace, le pesará en la conciencia durante el resto de sus días.


Oscar Nóbregas

4 comentarios:

VozCastellana dijo...

Firmo todo lo que se dice en el post. Me quedo con lo de que se puede ser "terrorista" destruyendo edificios, y tambien construyéndolos. No he vuelto a ir a Avila desde que vi este atentado monumental. Lo más triste de todo es que estas barbaridades se cometen impunemente una y otra vez. Moneo ya había destrozado los alrededores de los Jerónimos en Madrid. Ahora son Tuñon y Mansilla las que

Anónimo dijo...

Hola Óscar,

Me llamo Carlos, soy periodista y consultor en creatividad. Ahora bien,uno de mis hobbies,en mi tiempo libre, es la arquitectura, la defensa del patrimonio y la historia. LE caso es que buzeando por internet sobre la destrucción del patrimonio español, tema que guarda un gran interés para mí, he descubirto tu blog.

Pues bien, me pongo en contacto contigo, primero para felicitarte por tu artículo. Muy bueno! Coincido en todo lo que dices. De lo que se sustrae de este lamentable bodrio del Sr Moneo a Ávila es que hay arquitectos que sólo efectuan sus obras para enaltecer su ego profesional, sin importarles lo más mínimo la identidad de una ciudad, su historia, su paisaje, su patrimonio y el respeto a sus ciudadanos que no se merecen en absoluto cargar con la factura estética del endiosamiento de un arquitecto que sólo busca generar currículum. Y es que al final, la imposición de la vulgaridad, la falta de sensibilidad y la ignoracia acaban por convertir lo anormal en normal.Como te decái antes, todo lo que sea concienciar a la ciudadanía de la importancia de la protección y divulgación del patrimonio me interesa muchísimo, es mi pasión. Tengo una duda que em gustaría preguntarte, ¿Cúal es la situación actual, a 2017, del grado de recuperación, abandono y patrimonio en peligro del patrimonio de Málaga. La mayoría de noticias que denuncian la destrucción arquitectónica de la ciudad son de años pasados, con lo que te agradecería muchísimo conocer tu opinión al respecto a día de hoy. Te adjunto mi correo electrónico para poder contactar conmigo: karlogon21@hotmail.com

Un cordial saludo!

Carlos

Anónimo dijo...

tras destrozar el Balneario de Panticosa construyendo un bodrio que hace daño a la vista y terminar con la esencia del precioso paraje del pirineo oscense, pensé que este arquitecto, por llamarlo de alguna manera, era incapaz de superarse, pero me equivocaba.
Esta mañana he tenido el disgusto de descubrir en Ávila el terrorismo hecho edificio.
Nunca en mi vida he visto algo tan espantoso. No se si el ego de este señor le impedía observar el encanto de la muralla y la fabulosa iglesia donde plantó su cagada. Parece inconcebible que alguien con un mínimo gusto pueda hacer cosa igual. El edificio más vulgar que he visto en la vida. Horrendo, horrible, espantoso. De vergüenza ajena.
Sin saber la polémica que existía con ese edificio, después del disgusto, se me ocurrió buscar en Google sobre tal, para saber si mi gusto era la excepción o la regla. Grata sorpresa encontrar este artículo y otros que siguen por la misma línea, la mayoría por no decir todos. En la otra cara de la moneda, una estudiante de arquitectura, natural de Ávila, que defiende esta atrocidad, por ser obra de Moneo. Me llevo las manos a la cabeza pensando lo que nos espera. Por Dios, arquitectos, menos ego y mas cultura

Anónimo dijo...

Hay una ciudad húngara llamada tatabanya donde seguramente está la universidad en la que aprendió moneo. Es el único sitio donde encajan a la perfección la horripilante presidio arquitectura de moneo. Por favor que le quiten todos los premios. No se los merece.