sábado, 23 de julio de 2016

Más sobre Hoyo de Esparteros."Un golpe a la democracia"Por Txema Martin en Diario Sur

La Mundial/Palacete Condes de Benahavís
......En estos catorce años, ocho desde la firma del convenio urbanístico, la empresa promotora no ha sido capaz de afrontar los compromisos económicos que adoptó con el Ayuntamiento y que ya alcanzan los 7,3 millones de euros. Tras varias prórrogas incumplidas, la oposición señala también los embargos y las deudas de esta empresa, que trata además de financiarse con más dinero público, y la tacha de insolvente. Poco después, tras los votos en contra de la comisión de urbanismo, la constructora ha iniciado los trámites para demandar por injurias al grupo municipal Málaga para la Gente, además de otras medidas que amenazan con tomar contra el Ayuntamiento, incluso contra los bienes de los concejales que han votado en contra; unas medidas adelantadas en público en unas declaraciones escandalosas por parte del alcalde de nuestra ciudad.
El hecho de que una constructora se atreva a demandar a un representante de los ciudadanos es lo último que nos faltaba por ver. Y esto no lo podemos pasar por alto porque es un golpe a la democracia. Eduardo Zorrilla y Remedios Ramos no están solos. Les acompañan muchos ciudadanos y la oposición que forman también el PSOE y Málaga Ahora. Es más, si de los hechos vamos a los datos, los partidos que quieren que se salve La Mundial sumaron en las elecciones municipales 107.562 votantes frente a los 107.061 de esta extraña coalición a tiempo parcial entre Ciudadanos y el PP. Empate técnico, podría decirse. Pero más allá de las sumas y de estos números que no dejan de ser importantes, lo que parece absolutamente demencial es que el alcalde, que no ha sido elegido para representar al PP ni a la constructora sino a todos los malagueños, dé siempre la impresión de ponerse de parte de la parte privada del asunto, como está pasando con La Mundial o con Limasa, en lugar de defender no ya el interés público, sino a sus propios compañeros de corporación. Y es aquí cuando esta historia empieza a oler verdaderamente mal.

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